Por Alfredo ZaiatLa crisis en las potencias económicas se expresa en descalabros financieros, en la declaración del default sociolaboral con restricciones de derechos de trabajadores y jubilados y en la pérdida de legitimidad política de gobiernos subordinados a aplicar medidas de ajuste recesivas. Estas son las manifestaciones más evidentes que dominan el análisis global de una debacle de proporciones.
El documento que se denomina “Declaración de Buenos Aires”, con la coordinación general de Aldo Ferrer, fue debatido el jueves pasado por un grupo de economistas (*), plantea la constitución de un foro de discusión interdisciplinarias e interregional para contribuir a la instalación, en la opinión pública, de la necesidad de desarrollar acciones que tiendan a la integración regional como un medio fundamental para sostener un proceso integral de desarrollo económico con equidad social. Expresa que la región puede enfrentar exitosamente las presiones de poderosos sectores nacionales y transnacionales que intentan que se transite el camino de la dependencia que permitió, otrora y aún hoy, la depredación de nuestros recursos, e insisten en proponer soluciones que sólo logran consolidar esa dependencia. Afirman que “colocamos esta contribución bajo la invocación del ave mitológica porque estamos convencidos de que América del Sur puede resurgir del agobio a que la han sometido ideas y políticas incompatibles con sus intereses fundamentales”. Para definir que “esta tarea es permanente, crítica y urgente en momentos como los actuales, signados por la crisis civilizatoria, la aparición de nuevos protagonistas en el escenario mundial y el riesgo de que nuestros países queden nuevamente atrapados en la función periférica de ser proveedores de productos primarios”.
Luego de esa enunciación de principios, para resolver el problema histórico de la concentración de la riqueza y sus inaceptables consecuencias de pobreza y exclusión, aconsejan fortalecer la gobernabilidad de las economías de la región, avanzar en la transformación productiva e incorporar la ciencia y tecnología como elementos de transformación de la realidad. “Enfrentamos, pues, el desafío de recuperar a pleno la capacidad de decidir nuestro propio destino dentro del orden mundial contemporáneo, coordinando acciones comunes y atendiendo las significativas asimetrías que nuestros países presentan.” En un oportuno rescate del pensamiento de Raúl Prebisch, recuerdan que a fines de la década del ’40, este economista planteó que el régimen de relaciones internacionales y las ideas que lo sustentan que, más tarde, se llamó “globalización”, eran inequitativos e incompatibles con el desarrollo y la gestión de la política económica de los países periféricos. Prebisch definió la ortodoxia neoclásica como “pensamiento céntrico”. Este sostiene que las economías nacionales son segmentos del mercado mundial, el cual determina la asignación de los recursos, la distribución del ingreso y la posición de cada una de ellas en la división internacional del trabajo, en las corrientes financieras, en las cadenas transnacionales de valor y en la creación y gestión del progreso técnico. De allí deriva la política económica impuesta, fundada en la apertura incondicional al mercado mundial, la reducción del Estado a su mínima expresión y el abandono de toda pretensión de construir proyectos nacionales de desarrollo. Con ese respaldo analítico, el Fénix latinoamericano define que “el primer requisito para impulsar el desarrollo es rechazar el cuerpo de ideas elaborado en los países dominantes, desde la teoría clásica del comercio internacional hasta la de las expectativas racionales y el Consenso de Washington”.
Como si se estuvieran refiriendo a la crisis de Estados Unidos y Europa, aunque en realidad es una advertencia para las sociedades latinoamericanas que siguen siendo bombardeadas por ideas neoliberales, explican que “la entronización del mercado como institución central, fundante e impuesta con particular fuerza desde fines de los ’70, ha mostrado ser –una vez más– una opción a la postre inviable”. Indican que la prevalencia del sistema financiero sobre el sistema productivo, también llamada “financiarización”, no sólo contribuye a anarquizar los mercados de capitales, sino que también ataca desde diversos flancos a la economía real y al empleo, induciendo espirales acumulativas que terminan desestabilizando la actividad económica, corroyendo los lazos sociales y, finalmente, dañando gravemente a los propios Estados-Nación. “El sistema financiero vigente instala también el despilfarro, la polarización en la distribución de la riqueza y los ingresos, la desvalorización del trabajo a favor de la especulación y la ‘economía-casino’ y, finalmente, la anomia moral”, afirman.
El Plan Fénix para América del Sur toma nota de que la crisis global iniciada a fines de 2007 está debilitando la influencia del paradigma neoliberal como “canon organizador del orden mundial” y que ante ese vacío teórico, “vuelven a surgir las ideas inspiradas en Prebisch, Furtado y otros maestros del estructuralismo latinoamericano”. En la búsqueda de respuestas propias a los desafíos y oportunidades, se retoma un concepto orientador de Aldo Ferrer que dice que cada país tiene la globalización que se merece en virtud de la calidad de sus políticas nacionales. Así está dado el escenario apropiado para organizar respuestas distintas a las neoliberales, en los diversos frentes de la globalización. Y aquí aparecen propuestas de líneas de acción: afianzar la estrategia de inserción internacional que se proyecta a un espacio regional a través de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur). Para concluir que “debemos instalar el debate sobre las políticas regionales necesarias, no sólo para enfrentar las consecuencias de la crisis de los países centrales, sino principalmente para corregir las asimetrías que puedan constituir un obstáculo insalvable para el progreso común de todos nuestros habitantes, generando la posibilidad de un desarrollo apoyado en una distribución equitativa del ingreso que nos permita una vida en común que será digna si alcanza a todos”.

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