En un primer tiempo de ensueño, el equipo de Mauricio Pellegrino se puso 3 goles arriba con dos de Vera y uno de Correa. La solidez de Estudiantes chocó con una magra imagen del Xeneize, que apenas descontó a los 46 del complemento. Aire fresco para el León.
Con un tiempo le sobró. Estudiantes vapuleó a un débil Boca, uno de los peores que se haya visto, y le ganó por 3 a 1 con un primer tiempo de ensueño. Con solidez defensiva, ideas claras en el medio y contundencia arriba, el equipo de Mauricio Pellegrino convirtió los tres tantos en la etapa inicial, donde el de Carlos Bianchi ni siquiera le generó una chance de gol, y se llevó un merecido triunfo con holgura.
Joaquín Correa se asoció con Guido Carrillo y empezaron a mostrar el camino a los 4 minutos. En un abrir y cerrar de ojos las joyas del Pincha se juntaron, tiraron "firuletes" harto eficientes y el tucumano, con gran definición, abrió el marcador ante la increíblemente pasividad de la defensa Xeneize. Si bien esta nota no pretende analizar el detalle sino el contexto del partido, la imagen que deja el 1-0 fue la que se repitió a lo largo de todo el determinante primer tiempo: acción de los jugadores del Pincha ante la mirada de los xeneizes.
En ese primer tiempo se acabó el partido. Mientras Estudiantes volvió a dar muestras de solidez colectiva y orden táctico para esperar y salir rápido de contra, el Xeneize, presa de su propio laberinto, nunca siquiera amagó con reaccionar en actitud y mucho menos con calidad futbolística, algo que se acentuó luego de otro horror defensivo visitante y el 2-0 del León.
El tercer y lapidario gol, que llegó a los 39 minutos, fue un combo de todo lo que se había visto en cancha: la pasividad de la última línea visitante, la atención de los delanteros del Pincha y se sumó el preponderante error del línea que no marcó una clarísima posición adelantada de Vera que, otra vez, hizo gala de su oportunismo para poner el 3-0 y cerrar el pleito.
Todo lo que vino en el complemento estuvo de más. Porque el inane Boca nunca hizo peligrar el seguro triunfo Pincha que, con orden y progreso escalonado, vio cómo los volantes y delanteros visitantes se aislaban y, ante cada arrebato, enviaban un centro desde cualquier sector de la cancha para acercarse al arco de un tranquilo Agustín Silva, que sufrió el gol de Calleri en el cierre del partido más por hambre del delantero proveniente de All Boys, que por decantación del juego colectivo de un equipo demasiado débil para lo que dice su historia, su plantel y su galardonado cuerpo técnico.
El Pincha vapuleó a Boca con solidez en todas las líneas, equilibrio en la zona de volantes y efectividad en ofensiva. Es eso tan cierto como que el equipo de Bianchi mostró ser un rejunte de voluntades borrosas, esquivas de ideas colectivas, actitudes individuales y pobrísimo amor propio.


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