Pigna: "El golpe económico en la Argentina siempre es posible"

Pigna: "El golpe económico en la Argentina siempre es posible"
El reconocido historiador presentó en Mar del Plata Los Mitos de la Argentina 5. En una entrevista con 0223 habló de pasado y presente.

Felipe Pigna es historiador. Especializado en la Argentina. Y como es imposible hablar del pasado sin llegar al presente la entrevista con 0223 sobre el quinto libro Los Mitos de la Argentina, abocado al período 1955-1966, no puede terminar de otra manera que hablando sobre el presente. Claro, antes abordará cuál fue el Perón que, derrocado por los militares, decide exiliarse en 1955, cómo fue el proceso de constantes golpes de Estado que se vivió en esos once años, cuál era el contexto internacional. Pero es imposible no vincular ese período repleto de golpes institucionales con el actual, en el que esas frases se repiten una y otra vez. Para Pigna pensar en un golpe militar es un error, pero también advierte que los militares siempre fueron el brazo ejecutor de los poderes económicos. Y allí sí larga una definición: “El golpe económico es un golpe siempre posible en la Argentina”.

-Llegás a Mar del Plata con un nuevo libro que abarca un ciclo acotado, pero muy intenso.

-Es acotado por eso. Es un período que ha pasado de todo. El libro se ocupa de lo nacional y lo internacional, entonces es un período sumamente intenso desde lo cultural, lo político y lo social. Son once años que en Argentina tienen un sentido muy concreto: desde el derrocamiento de Perón al derrocamiento de Illia. Hay una fuerte politización del Ejército, una especie de maridaje entre el poder económico y el poder militar que tendrá consecuencias prolongadas, la instalación de la escuela francesa en el servicio de inteligencia, la incorporación de la Argentina al Fondo Monetario Internacional.

-¿Con qué Perón se encuentra el lector en este libro?

-Según algunos autores es el tercer Perón. El primer Perón, el clásico del 45, es un Perón con una fuerte impronta social, casi revolucionaria –entendiendo lo revolucionario en el contexto argentino-. El segundo es un Perón que comienza a adaptarse a la realidad de los años 50, cuando los Estados Unidos tienen una hegemonía indisimulable y por lo tanto Argentina tiene que modificar algunas posturas internacionales. Aparece el contrato petrolero con la California. Y el tercero arranca con el Perón del exilio. En el 55 se marcha convencido de que va a volver y lo dice claramente en la primera conferencia de prensa que da en Asunción del Paraguay, donde sostiene que va a volver, más que por sus logros por los defectos de sus enemigos. Lo van a traer de vuelta los errores políticos que cometerán sus enemigos, cosa que efectivamente ocurre. Es un Perón muy estratega, que va a echar mano a todos los recursos militares y políticos. Las dos cosas van a ser necesarias para la resistencia que comienza prácticamente el mismo día del derrocamiento de Perón.

-Uno repasa ese período y era un presidente, derrocamiento, normalizador. Era una época acostumbrada a golpes de Estado. ¿Cómo se ve a la distancia, con todo lo que se habla por estos días de movimientos desestabilizadores y demás?

-Se veía con cierta normalidad, lo cual es gravísimo. Las Fuerzas Armadas tenían un rol que estaba por encima de la sociedad, por encima de los partidos políticos. Argentina se fue acostumbrando a ese paternalismo, despreciando mucho la capacidad de acción de los partidos políticos. En definitiva terminaban decidiendo los poderes económicos y las fuerzas armadas, que eran la espada de ese poder económico. La gente iba descreyendo del sistema democrático. El poder económico no necesita partidos, tiene poder por sí mismo. Los que necesitan partidos son los sectores medios y populares.

Lamentablemente la gente tenía una gran desconfianza por los partidos. El poder pasaba por el poder militar, que era a la vez el poder económico. El poder militar respondió históricamente al económico.

-¿Y ves posible un regreso de este tipo de situaciones?

-Totalmente. Acá se puede dar un derrocamiento. No como golpe de Estado, pero sí hubo en la Argentina reciente golpes económicos: a Alfonsín lo derroca un golpe económico. El país se queda sin reservas, los grupos poderosos no pagan sus impuestos, hay una campaña de que va a explotar el dólar y el gobierno cae por una hiperinflación absolutamente provocada. El golpe económico es un golpe siempre posible en la Argentina, porque además los grupos económicos son muy poderosos, tienen un capital líquido muy importante: tienen más de 200 mil millones de dólares fugados del país, una cifra con la que vos podés hacer lo que querés.

-¿Ves en Latinoamérica un panorama general de grupos económicos que amenacen a los gobiernos o en Argentina se da una situación particular?

-En América Latina se da un fenómeno muy raro de reemplazo de los partidos políticos por grupos mediáticos y económicos, que son los grandes constructores de sentido, sin sentido. Le pasa a Brasil, el gran emergente del mundo, donde la presidenta Rousseff vive siendo operada. La última gran operación fue decir que no se le iba a pagar más a la gente los subsidios. Hubo un estallido que por suerte fue controlado rápidamente, porque era una mentira absoluta. Le pasa a Correa en Ecuador, le pasó a Chávez en Venezuela, a Mujica en Uruguay. Esa construcción de sentido provoca un cinismo en la gente: nadie cree en nada, todo es una porquería y es un caldo de cultivo del no gobierno y la no política.

-¿Y qué puede pasar?

-No tengo la respuesta, pero la generación de cinismo es muy peligrosa porque la gente tampoco les cree a ellos. Se forma un cinismo sin salida, una enorme confusión que se siembra entre país y gobierno. Estos grupos tienen la voluntad de que al país le vaya mal y confunden país con gobierno. Si le va mal al país, nos va mal a todos. No es que se beneficia el próximo gobierno. El que asuma va a asumir con un país explotado.

-¿Cómo creés que se va a ver el período actual en 50 años?

-Cómo ser verá en 50 años no sé. Seguramente estaremos preocupados por el agua y el aire, pero seguramente será un período absolutamente intenso. El conflicto está presente, aunque para mí no es una mala palabra, es parte de la política. Si vos no pateás un poco el tablero las cosas no cambian. El tema es que hay que saber manejar el conflicto, si vos lo generás hay que saber manejarlo.

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