Empresarios del sector temen que la falta de conciencia de los usuarios y de talleristas inescrupulosos, ocasionen una nueva tragedia.
“Durante enero y febrero, después de la explosión, hubo una gran demanda de la gente que quería tener equipos en condiciones y desde entonces se han condenado numerosos cilindros, pero ahora parece que se olvidaron, bajó la demanda y siguen circulando vehículos con equipos truchos”, analizó Elsa, encargada de una de las principales empresas locales en la colocación y control de equipos de GNC.
La empresaria dedujo que esta situación revela la actitud de talleristas inescrupulosos que “siguen reparando cilindros que fueron condenados durante los controles”, poniendo incluso en peligro su propia vida, en relación con el accidente sufrido por un chapista en La Banda el fin de semana.
Inspecciones
“Nosotros, lo mismo que todas las firmas que estamos autorizadas, recibimos dos o tres inspecciones por mes de parte de Enargas, pero no se realizan controles a los talleres que realizan este trabajo sin autorización. Si esta tarea no la puede cumplir Enargas, habrá que ver las alternativas que se lo haga a través de la policía, de la Dirección de Calidad de Vida o de alguna otra dependencia para evitar estos graves accidentes”, analizó.
En este sentido, reveló que en la cámara que agrupa a los empresarios del sector se está analizando la situación, ya que ante estas situaciones son quienes quedan en el ojo de la tormenta.
“Además de solicitar que se realicen controles a todos los talleres de la ciudad, estamos analizando también la manera de destruir los cilindros que son condenados, para que no haya posibilidad de que se los repare. Nosotros ya hemos realizado la destrucción total de los cilindros, pero con autorización de los propietarios. Nuestra obligación es pincharlos y devolverlos, así que ese tema también habrá que reveerlo”, adelantó Elsa.
Costos
La empresaria lamentó que por cuestiones económicas la gente se arriesgue tanto, y ponga en peligro su vida y la de toda su familia.
“Nosotros contamos en estos momentos con todos los adelantos en materia de equipamiento y el personal recibe capacitación permanentemente. Pero si, por ejemplo, la colocación o reparación de un equipo cuesta 500 pesos, más la mano de obra especializada y algún elemento que se deba cambiar redondeen unos 700 pesos, hay quienes van a un chapista cualquiera que les ofrece un cilindro parchado por 100 o 200 pesos, lo cual es un ahorro muy peligroso”, consideró.
Admitió luego que en las estaciones de servicio se realiza un control estricto del estado de los vehículos antes de realizar las recargas de GNC, porque las inspecciones son muy rigurosas, aunque siguen apareciendo las obleas truchas, y con eso no se puede ejercer un control efectivo.
“Lamentablemente fallan los sistemas de control del Enargas, porque el playero toma todas las previsiones del caso, pero no puede determinar si la oblea es original o trucha”, comentó.
En lo que tiene que ver con los controles del estado de los equipos y de la prueba de presión en los tubos, recordó que un elevado porcentaje de cilindros fue condenado durante los días posteriores al accidente ocurrido en La Banda.
“Hemos llegado a inspeccionar 1.700 equipos, pero en los últimos tiempos la gente viene menos a los controles”, reveló.
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