Un comerciante y su hijo serán requeridos por una serie de agresiones entre 2012 y 2013 ligadas al comercio de medicamentos. Lo suponen ideólogo del intento de matar a un abogado y de otros ataques.
Una fiscal pidió la indagatoria de un empresario al que se presume autor intelectual de una secuencia de atentados con disparos, agresiones físicas y acciones amenazantes de los que resultaron víctimas media docena de personas en un año. Como capítulo sobresaliente de esta serie asoma el intento de asesinato del abogado penalista Alberto Tortajada, concretado frente a Tribunales hace casi dos años. Los distintos hechos en investigación judicial tienen como punto común que tanto las víctimas como el sindicado ideólogo de estos hechos desarrollan actividades vinculadas al comercio de medicamentos. El complejo asunto se entrelaza en un círculo estrecho en donde el acusado de intentar matar al abogado está preso además por asesinar a sangre fría a un policía en pleno centro, precisamente cuando salía de amenazar y golpear al dueño de una cadena de farmacias.
Al iniciarse la pesquisa, el hombre al que se adjudica la autoría intelectual de estos hechos era tenido como dueño de tres farmacias en la zona céntrica de la ciudad. Se llama José Antonio I. Aparece en el centro de una constelación de episodios de violencia en un cruzamiento de datos que lo colocan, junto a su hijo —también llamado a indagatoria— Juan Pablo, como instigador de hechos tales como ataques a balazos a frentes de viviendas o amenazas de muerte de personas ligadas al universo farmacéutico.
Contratado. Varios indicios surgidos en escuchas y contactos telefónicos determinan que los I. están conectados con Pablo Andrés Peralta, procesado por el crimen del policía Carlos Dolce, el 5 de febrero de 2013 en 3 de Febrero y San Martín, y también por balear al abogado Tortajada cinco meses antes.
En ambos casos el tirador aparece como un sicario contratado para tales fines. El 5 de febrero de 2013 a las 17.10, Peralta irrumpió junto con otro hombre en el consultorio del médico Omar Ulloa mientras éste atendía a un paciente. Según Ulloa, el inesperado visitante le dijo mientras lo golpeaba que había sido él quien unos días antes había baleado el frente de su casa de Santiago y Amenábar, y le aseguró que lo mataría si no desistía de su plan de abrir una farmacia en San Lorenzo y Maipú.
Cuando, luego del amedrentamiento, Peralta y su acompañante salieron a la calle se toparon con el policía Dolce, que custodiaba la cuadra. Este sospechó de ambos y cuando se aprestaba a arrestarlos recibió un tiro en la cabeza disparado a centímetros de distancia.
Locales. Ulloa aparece como el propietario de la cadena Farmavip que tiene cinco locales en la ciudad. Por su parte, según determinó una pesquisa de la Fiscalía NN a cargo de la comisario Jorgelina Llopard, en julio de 2013 José Antonio I. controlaba tres farmacias que tenían a otras personas como titulares: una de Sarmiento 865, otra en San Luis 1095 y la última en San Juan 1784.
Un testimonio estimado como valioso en la causa señala que José Antonio I. abrió una farmacia en San Lorenzo al 1000 "para poder captar como clientes a quienes van al Pami". Justamente a una cuadra cerca de donde Ulloa pretendía para la misma época instalar un local de Farmavip.
En este contexto, el ataque contra Tortajada surgió, según un informe agregado al expediente que instruye la jueza Alejandra Rodenas, como consecuencia de un conflicto entre Celia L. y José Antonio I. La mujer es una farmacéutica matriculada que operaba comercialmente la farmacia de San Juan al 1700 de la que I. era inversor en las sombras.
Una desacertada gestión comercial hizo que Celia L. se viera ahogada por una deuda que como titular recayó sobre ella y así fue embargada su vivienda única. Ante el compromiso de su patrimonio, y su riesgo penal derivado, la mujer acudió a Tortajada, quien le mandó decir a I. que no permitiría que arruinara a su clienta.
Días después de ese mensaje, el viernes 7 de septiembre de 2012, un hombre robusto y de tez morena se presentó en la entrada del estudio de Tortajada y desde medio metro le pegó tres balazos con un arma calibre 22 hasta que se trabó el gatillo. Las identificaciones mediante contactos telefónicos, filmaciones y testimonios establecieron que ese hombre era Peralta.
Violencia. Otros enlaces telefónicos citados en el informe de la Fiscalía NN vinculan a Peralta con el hijo de José Antonio I. en vísperas de los hechos violentos. Un mes antes del atentado a Tortajada una inspectora llamada A. B. hizo una constatación de rutina en la farmacia de Sarmiento al 800, atribuida a I. aunque bajo la titularidad de Juan Carlos R.
La inspectora corroboró una infracción y dispuso la clausura del comercio. Nueve días más tarde el frente de la casa de la entonces jefa de Inspección de Farmacias, Patricia Kleinlein, fue baleado. Por debajo de la puerta de Kleinlein fue deslizada una nota con un texto breve. "Avisale a A. B. que deje de hacer inspecciones mala leche. La próxima te vacío el cargador". La bala que perforó la puerta de la vivienda, situada a dos cuadras de Tribunales, era de calibre 22.
El 16 de enero de 2013 el vocal del Colegio de Farmacéuticos Daniel D. B. cuestionó durante una reunión de esa entidad la inminente apertura de una farmacia en San Lorenzo al 1000 con "un tal I." como dueño, administrador o responsable. La objeción se hacía en base a una regulación que exige una distancia mínima de 200 metros entre una farmacia y otra.
Trece días después Daniel D. B., dueño de una farmacia de Sarmiento al 600, fue sometido a una brutal paliza con cortes de cuchillo por parte de tres individuos, algo que consta en el expediente 04083/13 caratulado "Banda NN sobre lesiones graves". Antes de irse y dejar muy malherido a D. B., sus agresores, que no le robaron nada, le dijeron: "Dejate de joder, te vamos a hacer boleta".
Una videocámara de la farmacia tomó a sus atacantes. Y otra del Banco de Galicia captó el auto en el que se fueron: un Chevrolet Corsa II negro sin patente. Que es idéntico al usado por Peralta cuando fue detenido por el crimen del policía Dolce.
Todo. El 26 abril del mismo año el presidente del Colegio de Farmacéuticos de Rosario, Norberto Herbas, recibió una llamada de la farmacia San Juan. Habló con José Antonio I. El tenor de la conversación le hizo pensar en un mensaje de texto anónimo recibido cuatro días antes, que consideró intimidatorio y rezaba: "Todo se sabe en este ambiente...". Lo que había pasado era que a la farmacia de I. de calle San Juan le acababan de rechazar la autorización de expender medicamentos para pacientes del Pami a través de la gerenciadora Farmalink SA.
Herbas hizo la denuncia en la División Judiciales de Jefatura pero luego se comunicó con el hijo de José Antonio I. para aclarar las cosas. Este, según el informe judicial, asumió que la conducta de su padre había sido impropia, pero trató de moderar, pidiéndole disculpas. "Quedate tranquilo, no te va a pasar nada", le dijo.
En enero de 2014 Marisa C., que tiene una farmacia cerca de Provincias Unidas y Pellegrini, también denunció a José I. por una actitud intimidatoria contra su esposo, ejecutivo de un laboratorio de capitales trasnacionales, por una deuda económica.
Más de ocho. El sistema de consultas penales unificado de Rosario expone más de ocho denuncias en contra de José Antonio I. Todas por los mismos delitos: amenazas simples, amenazas telefónicas y amenazas coactivas. En la mayoría de los casos terminaron archivadas sin reproche.
Las sospechas contra José Antonio I. y su hijo Juan Pablo I. son por ser ideólogos presuntos de varios actos de violencia extrema por los cuales la fiscal Nora Marull pidió a la jueza de Instrucción Alejandra Rodenas que los cite para ser indagados.
Se presume que tras ellos encontrarían explicación ataques encadenados de enorme gravedad: el balazo que recibió en su casa la ex inspectora de farmacias Kleinlein, el atentado homicida contra el abogado Tortajada, la brutal agresión contra el dueño de la farmacia de Sarmiento al 600 y la balacera contra la casa del dueño de Farmavip, Ulloa, que terminó un mes después con un ataque directo contra él en su consultorio, minutos antes de que sus agresores liquidaran al policía Carlos Dolce.

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