Quejas por el maltrato de taxis y ómnibus.
Ahora se convirtió en fanático y defensor de este transporte. Pudo, de a poco, ir comprando otras. "Una para cada ocasión", comenta. Todos los días se sube a su bici para ir al hospital en el que está terminando las prácticas obligatorias de medicina. Recorre unas 40 cuadras y cuando llega no le queda otro remedio que dejarla a la intemperie, atada en algún poste de la luz. "Por eso llevo la más viejita, la que nadie se va a querer llevar", cuenta.
Él, junto con otros jóvenes -y no tan jóvenes-, forman parte del grupo Ambientalistas Autoconvocados por las Bicisendas en la Ciudad (AABC), que en 2007 organizó Gilda Isaac, profesora de Inglés en la UNT. Durante 20 años Gilda vivió en Houston (Texas), pero no podía usar la bicicleta porque, como ella explica, esa ciudad no estaba hecha para bicis, sino para los autos. Encontró su revancha cuando se embarcó en una travesía desde Inglaterra hasta Holanda. Cuando volvió a Tucumán se aferró a su bicicleta y ahora no la suelta por nada del mundo.
Todos los domingos, algunos de los 22 miembros de AABC se juntan en la plaza San Martín para invitar a otros a sumarse al grupo y a sus bicicleteadas. Para ellos no se trata de ahorrar unos pesos en transporte; es nada menos que una forma de vivir.
Silvia Bravo llega con su hijo Augusto en la sillita atada al portapaquetes. Cuenta que cuando cumplió 15 años sus padres le dieron a elegir entre la fiesta o una bicicleta, y ella no lo pensó mucho: "sentía que con la bici era libre, independiente, podía manejarme sola". Después la vida fue llevándola por una senda en la que la bici siempre estuvo presente: entró a trabajar en una bicicletería, se dedicó al cicloturismo y hoy es dueña de un local que las vende.
En el grupo que conversa con LA GACETA también están Corina Campos y Josefina Lenis.
Coinciden en que los ómnibus y los taxis que circulan por el centro parecieran odiar a los ciclistas. "Te encierran, te abren la puerta, la derecha es muy insegura... no existís", explican.
Además de combatir esto también enfrentan algunos mitos, como que la gente piense que ir en bici a trabajar es un indicador de pobreza, de alguien que no prosperó, cuando para ellos significa todo lo contrario: menos contaminación, menos estrés, llegar más rápido y sin transpirar. "Porque a un ritmo tranquilo ni siquiera se transpira", explican.
Aunque reconocen que contar con bicisendas en todas las calles del centro sería imposible, sí proponen que se prevea un circuito céntrico para que, al menos, exista la opción de viajar en dos ruedas.
Comentá la nota