En un lote de unas cien hectáreas en la zona de Bajo Hondo Grande, unos 20 kilómetros al sur de Sáenz Peña, el insecto tan temible ya hizo estragos y afectó a más del 50% de un lote monitoreado por el propio Senasa en forma conjunta con el INTA Sáenz Peña.
El picudo comenzó a comerse la ilusión de los productores algodoneros que apostaron a este cultivo, tentados por los altos precios internacionales. Llegarán los análisis, las culpas, las acusaciones, todo. Pero ya es tarde: en un lote de unas cien hectáreas en la zona de Bajo Hondo Grande, unos 20 kilómetros al sur de Sáenz Peña, el insecto tan temible ya hizo estragos y afectó a más del 50% de un lote monitoreado por el propio Senasa en forma conjunta con el INTA Sáenz Peña. Las provincias vecinas, como Santiago del Estero y Santa Fe, miran de cerca “el caso chaqueño”.
Ahora, vendrán los informes, las discusiones, pero deben venir las acciones concretas para poner cerco a la súperplaga, y la necesidad —imperiosa, por cierto— de avanzar desde la genética desde el INTA y de empresas privadas en lograr una semilla que produzca algodón resistente al picudo se volverá a poner sobre la mesa.
Si bien el drama en suelo chaqueño comenzó años atrás, en la campaña 2009/2010 begin_of_the_skype_highlighting 2009/2010 end_of_the_skype_highlighting prácticamente se terminó con la cuenta regresiva para que el picudo ingrese con toda voracidad en los lotes. Da la sensación de que se hicieron las cosas mal, desde el momento mismo en que se dio por finalizada la campaña anterior en forma tardía, después de que no se destruyeron los rastrojos y el paisaje a la vera de las rutas chaqueñas con algodón sin cosechar era moneda corriente, y para colmo de males, muchos productores, básicamente los pequeños, sembraron antes de tiempo. ¿Estamos ante un cuadro de desidia en cuanto al control de la súperplaga? Cada uno, seguramente, sabrá responderse a sí mismo.
Comentá la nota