En las picadas callejeras, la gran favorita es la clandestinidad

Según los pisteros, la competencia legalizada ha sido derrotada. Faltan reglas claras para que funcione esta actividad que atrapa

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En Wenceslao Posse, detrás de la terminal de ómnibus, los motoqueros se aferran al volante y aceleran a más no poder.

Cuando la ciudad duerme, la pasión por la velocidad se enciende en muchos lugares. Las picadas se han duplicado en los últimos años y cada vez atrapan más audiencia. Los pisteros no lo dudan: en las calles la guerra contra estas carreras clandestinas está perdida. Por eso, piden un "picódromo" para terminar con los peligros que generan en la vía pública. Los policías hacen operativos de prevención, pero reconocen que es difícil controlar las picadas porque faltan reglas claras para sancionar esta práctica.

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