Bajo un diluvio que obligó a acortar el tradicional recorrido, ayer se realizó la 40ª Marcha de la Esperanza, que terminó en la Catedral con la celebración de la misa a cargo del obispo diocesano. La peregrinación completó más de 10 cuadras de largo repletas de fieles. En la partida, desde la Gruta de Lourdes, se leyó un mensaje del papa Francisco.
De todas maneras, ataviados con bermudas, remeras, gorros y paraguas en la mano, se fueron acomodando tanto en el interior de la Gruta de Lourdes como sobre las veredas de la calle Magallanes, a la espera de la partida, rodeados de banderas argentinas y papales.
Las tulipas con velas, a 10 pesos, y estampitas de distinta variedad, los vendedores ambulantes trataron de sacar ganancia de la fe aunque la mayoría confesó que las ventas estuvieron "flojas".
La multitud estuvo encabezada por el obispo diocesano Antonio Marino, que caminó delante de la virgen y rodeado por sacerdotes de distintas parroquias, saludada por los pañuelos blancos de los fieles al abandonar la Gruta y por un contundente aplauso.
Antes del inicio de la caminata religiosa, por los altoparlantes sonó un mensaje del papa Francisco, que saludó a la comunidad marplatense, los instó a continuar con la Marcha de la Esperanza y recordó al iniciador de la misma, monseñor Eduardo Pironio.
La primera parada se realizó, tal como estaba planeado, en la parroquia San Antonio, pero al ver el cielo amenazante, los organizadores decidieron cambiar el rumbo y obviar las paradas preparadas en Jesús Obrero y San José.
De todas formas, la tormenta se desencadenó con toda su fuerza cuando la gente caminaba por la calle Matteotti, rumbo a la iglesia de la Asunción.
Ni los truenos ni la torrencial lluvia pudo detener la fuerza y voluntad de los caminantes que, entonando cantos como "juntos como hermanos", continuaron con el trazado como guiados por el lema de la marcha de este año: "María, cuida la fe de tu pueblo que camina".
Bajo la lluvia
"Es impresionante -contó una de las caminantes-, nadie se fue, al contrario, hubo gente que se seguía sumando a pesar de la lluvia y ni siquiera alcanzaban los paraguas. Fue emocionante".
Empapados, pero con la satisfacción dibujada en el rostro, llegaron hasta la iglesia del Materno Infantil para completar el trayecto hasta la Catedral, punto final de la peregrinación.
Ya en el templo, monseñor Antonio Marino celebró la misa en la que se unieron "profundos significados y evocaciones entrañables". Es que ayer, con la multitudinaria celebración, concluyó el Año de la Fe y el obispo mencionó a "la conclusión diocesana del Año de la Fe, inaugurado por el papa Benedicto XVI, quien quiso mantener la vigencia de la doctrina y el espíritu del Concilio Vaticano II", a la vez que expresó su satisfacción por "las manifestaciones de fe que pude contemplar a lo largo de este año, fruto de fecundas iniciativas pastorales protagonizadas por sacerdotes y laicos, consagrados y consagradas".
Asimismo, el purpurado consideró muy significativas las experiencias de "presencia sacerdotal en el espacio público del centro de esta ciudad, ofreciendo el servicio de la escucha y del sacramento de la Reconciliación; la experiencia de la carpa misionera itinerante" como así también a las misiones al penal de Batán y el accionar de las diversas parroquias.
El cierre del Año de la Fe coincidió ayer con la Marcha de la Esperanza, a la que calificó como "un acierto pastoral" del cardenal Eduardo Pironio, segundo obispo de Mar del Plata.
"En tiempos difíciles -analizó-, él ha sido un cantor de la esperanza cristiana, que nos ha recordado que, en medio de las dificultades de la cultura actual, el Espíritu engendra la nueva creación en medio de dolores de parto, haciéndonos participar de la fecundidad del misterio pascual de Jesús".
En ese sentido, el obispo señaló que "desde la hondura de nuestra fe, debemos aprender a convertir los tiempos difíciles, donde se olvida a Dios y se envilece al hombre, en tiempos de siembra y de esperanza".
Al referirse al lema bajo el que se desarrolló la peregrinación, indicó que "la Virgen Santísima es la gran figura del Adviento, tiempo marcado por la espiritualidad de la esperanza".
"La fe que se abre a la esperanza supone camino -añadió-, cansancio, perseverancia, alegría. Ella ha caminado con nosotros y nos ayuda a entender la fe como camino y la esperanza como fuerza que nos impulsa hacia la meta que es su Hijo".
Papa Francisco
Por supuesto que el papa argentino estuvo presente y monseñor Marino aprovechó "la concentración de fieles para renovar en nombre de toda la diócesis, nuestra adhesión a su persona, en quien vemos al vicario de Cristo y sucesor del apóstol Pedro".
"Con perseverante reiteración -agregó- nos viene recordando nuestro deber de salir a todos los caminos de los hombres y anunciar con gozo el Evangelio de Jesús. Esta es la tarea primera de la Iglesia y el remedio más esperado por el mundo".
Y le pidió a la grey que "revitalicemos nuestra fe comunicándola a los demás, saliendo en misión. Como enseña la Iglesia y lo aprendemos en la experiencia, ¡la fe se fortalece dándola! Incorporemos de modo definitivo la conciencia de que si no ardemos en el deseo de una misión permanente, no somos plenamente la Iglesia querida por Cristo".
Finalmente le encomendó "la diócesis y sus sacerdotes, sus consagrados y consagradas, sus diáconos y seminaristas, las obras del apostolado y los amplios campos de la misión" y también pidió por el "aumento de las vocaciones sacerdotales y de las vocaciones de especial consagración".
Luego de la eucaristía, los fieles se marcharon en paz.



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