A pesar de haber llegado a un acuerdo, la lentitud por normalizar la situación de peligro de la comunidad por parte de los efectivos policiales, generaron no pocos hechos de vandalismo en distintos puntos de la Capital, especialmente en los barrios periféricos. La desesperación de la gente.
La gente no sabe cómo reaccionar ante el peligro inminente. El instinto de proteger a su familia y sus pertenencias hicieron que se adoptaran distintas medidas. Así se construyeron barricadas en las entradas principales de los barrios, muchos habitantes se munieron de palos y de armas, las cuales fueron utilizadados para disuadir a los delincuentes que pugnaban por ingresar a los domicilios. Lo que parecía que volvería la calma luego de la firma del acuerdo entre el Gobierno y los efectivos policiales demoró más de lo previsto. Obviamente a la hora de encontrar responsables los "guardines del orden" no se les ocurrió una mejor excusa que responsabilizar a la gente que tomo medidas preventivas, como la construcción de barricadas, para resguardarse de los delincuentes. Vecinos de distintos barrios, por medio de las redes sociales o de los teléfonos de algunos medios de comunicación requerían la presencia de la policía ante la presencia de elementos extraños que, en grupos, llegaba a las inmediaciones de sus casas. Obviamente el promocionado 911 no era atendido lo que provocaba mayor angustia a los pobladores. Las turbas de malvivientes llegan a los barrios en motocicletas, de dos o de a tres por vehículo, se agrupan y en banda se apoderan de todo lo que encuentran a su paso. La reacción de la gente no se hace esperar y las detonaciones de armas de fuego retumban en el silencio de la noche. "No pudieron ingresar a un negocio de la esquina de mi casa y estos delincuentes optaron por saquear las casas vecinas. Yo estoy preparado para todo, a mi casa no entrarán. Vivos no saldrán", nos contó Luis que vive en Villa Amalia y estaba atrincherado con sus parientes con palos, hierros y empuñando un arma. Esta situación se multiplica en cientos y en los distintos barrios de la ciudad. "Se están preparando para ingresar a nuestro barrio, son de la Costanera, por favor necesitamos a la policía, a la Gendarmería o a alguien que nos ayude", lo manifestaba Gloria una vecina que vive en los edificios torres ubicado en las inmediaciones del Río Salí. Todas las expresiones tienen la misma constante: no los atienden en ningún número de emergencia dados por las autoridades para solicitar ayuda. Los tucumanos, luego de vivir dos días de terror ya merecen tener tranquilidad. La psicosis colectiva hace que la paranoia exceda los límites y exasperen los ánimos. La comunidad está a la espera de que aquellos, autoridades incluidas, que los pusieron en un estado total de indefensión se hagan cargo de esta situación que tanto daño está causando. Será tiempo que se pongan a trabajar en serio.
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