En el Día del Trabajador las familias, visitantes y comerciantes coparon los campings, las calles y la plaza. La fiesta en Villa de la Quebrada mezcla lo mercantil con lo religioso.
El 1º de mayo en Villa de la Quebrada combina fe, trabajo y familia. Miles de personas eligen la localidad para celebrar la fecha y agradecer al santo por los favores recibidos. Para algunos representa una tradición, para otros una oportunidad económica, ambas se ven reflejadas en las calles del pueblo, en la plaza y por los alrededores. La Policía de la Provincia indicó que al menos unas doscientas mil personas arribaron al pueblo desde el sábado a la mañana hasta el lunes a las 18.
Los días que anticipan al día del Cristo de la Quebrada, el 3 de mayo, son especiales en más de un sentido. La atmósfera se cubre de historias que se entrecruzan como los pasos de los peregrinos y se escriben en la memoria de los fieles, vecinos y turistas que visitan el pueblo. Basta con escuchar las charlas entre mates o en las sobremesas que hablan de milagros, de anécdotas y de recuerdos.
La fecha es un clásico tanto para habitantes de la Villa como para quienes acuden cada año religiosamente a las celebraciones. Están los que vienen desde que eran niños hasta los que la visitan por primera vez. Los motivos son diversos, para algunos es netamente espiritual, para otros una posibilidad de sumar unos pesos a las maltratadas billeteras. También están quienes aprovechan la oportunidad de hacer un paseo en familia, revivir sus costumbres o compartir un momento especial con sus seres queridos.
Sentada en la plaza, frente a la capilla, Stella Maris Chiaretto tomaba mates junto a un jóven de sonrisa franca, su nieto. Contaron que provenían de Río Cuarto y que era la primera vez que viajaban juntos a la localidad. Ella dijo que hace treinta años que visita al Cristo y que es una fecha en la que su fe se reafirma.
“Recorrer el calvario es algo muy importante para ella, siempre me habló de este lugar. Esta vez quise acompañarla y me llevo una experiencia que no me voy a olvidar en la vida”, expresó Gino Fontana. El joven de 20 años resaltó que lo impactó el paisaje y la solemnidad con la que las personas recorren las estaciones, sus expresiones y la emoción de su abuela. “Me hace feliz verla feliz”, agregó. Luego tomados del brazo recorrieron las ferias y compraron algunos presentes para llevar a Córdoba.
Las calles se asemejaban a un mar de gente. Largas e interminables filas recorrieron los puestos, las casas de comidas y las plazas. Nunca cesó el movimiento, por el contrario aumentaba a medida que transcurrían las horas del día.
A la hora del almuerzo los negocios colapsaron y muchos debieron improvisar un picnic en la plaza central, aunque los precios fueron otro factor determinante.
Para la familia Salas Astudillo el calor y la falta de lugar no fueron impedimentos para disfrutar de la jornada. Por el contrario indicaron que se sentían muy felices de haber logrado viajar todos juntos y compartir las celebraciones en familia.
“Es la primera vez que puedo acompañar a mis hermanas en este viaje, siempre me invitaban pero por alguna razón siempre tuve que postergarlo”, dijo Aldo Salas. Sus hermanas dijeron que el Cristo lo hizo posible y que estaban muy agradecidas de poder compartir con toda su familia esta fecha especial.
“Aunque los precios para comer están muy caros y tuvimos que prepararnos una vianda”, opinó Aldo. A pesar de ello los 15 parientes se las arreglaron para que la reunión fuera memorable.
Algunos comerciantes indicaron que la gran cantidad de turistas provocó el colapso de los servicios y que el domingo se quedaron sin agua por un lapso de ocho horas. “Es algo que el Municipio tiene que revisar y prever porque afecta toda la actividad”, indicaron en el restaurante Los Miranda.
Stella Maris Lobo admitió que la gran cantidad de visitantes provocó el colapso en el suministro de agua. También mencionó que el Municipio trabaja en un proyecto para ampliar la planta potabilizadora y que espera pueda ser ejecutado a la brevedad.
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