Por: Ricardo Kirschbaum.En la mayoría de las redacciones de los diarios de todo el mundo se está librando una gran batalla cultural. La producción periodística de contenidos para distintas plataformas –papel, Web, telefonía móvil, iphone– implica un esfuerzo de adaptación y una toma de conciencia de los nuevos modos de organización, rutinas y participación que nítidamente modifican radicalmente las fórmulas y paradigmas del periodismo tradicional, aunque no anulan sus atributos centrales.
Desde fines de 2008, la redacción de Clarín está en un proceso de integración con la Web. Los cambios culturales no son automáticos y la inercia de años de trabajo y de una organización determinada sólo se puede vencer con nuevas fórmulas, capacitación continua y la conciencia de que no hay marcha atrás posible en esta historia. El nuevo sitio es una marca en ese camino porque supera y amplía la oferta para nuestros lectores y, a la vez, nos permite operar en esta dinámica con mayor agilidad y eficiencia.
El periodismo está cambiando rápidamente y eso es una realidad que ni los necios pueden negar. La obligación de los periodistas es capacitarse para participar de esta revolución apasionante sin abandonar, por modas súbitas o tentaciones demagógicas, los atributos necesarios para que nuestro trabajo mantenga su calidad y credibilidad, condiciones básicas de esta profesión.
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