Perfiles:Claudio Ricasoli y Mario Meoni

Perfiles:Claudio Ricasoli y Mario Meoni
A partir de hoy y hasta el comienzo de la veda electoral, iniciamos una serie de conversaciones con los principales candidatos juninenses. ¿La idea? Conocerlos más allá de su ideología y propuestas, indagar en las siempre complicadas aguas de sus estados mentales y emocionales, justo en un período clave: la semana previa a las elecciones.
Mario Andrés Meoni

El caballo del comisario

En su libro “Yo el supremo”, Roa Bastos describe muy bien las alternativas del poder sin competencia, el estado mental de un hombre que, cuando apoya la cabeza en la almohada, lo hace con la convicción de que su destino depende sólo de él. Y en cierto sentido, a Meoni las seguridades le “llueven”.

Por un lado, mientras los demás candidatos tienen que superar la instancia de las primarias con el fin de seguir participando en octubre, el Intendente no enfrenta competencia alguna el 14 de agosto; es decir, compite contra sí mismo y los vericuetos de su gestión.

Por otro, está convencido de que las encuestas lo favorecen y mucho. Claro que en política nadie anda seguro y los cambios de clima forman parte del día a día.

Sin embargo, en su caso particular, son más los errores que podría cometer por el simple hecho de ejercer el poder, que las estocadas de afuera; al menos así lo siente y la realidad parece indicar que, de mínima, no está desvariando. De todas formas, su discurso privilegia la mesura y pisa con pie de plomo a la hora de mostrarse seguro y feliz.

Su intuición de animal político le dice que el éxito anticipado es capaz de volverse en contra en cualquier momento. Hay algo que se le debe reconocer: sabe cuándo poner el cuerpo. No sólo esquiva escudarse detrás de otras personalidades (por ejemplo Alfonsín y De Narváez), sino que se erige en único responsable de lo que pueda ocurrir en el futuro cercano. Esta tendencia a apostar fuerte indica lo que sigue: pasado el chubasco de Cobos, otra vez empieza a pensar en su carrera fuera de los límites de la ciudad. Antes que nada, exponerse es un acto estratégico, no de audacia desmedida o poco pensada. Viene remando hace demasiado tiempo como para jugarse entero a cualquier acuerdo que lo ate a la suerte de otros.

La experiencia reciente lo hace huir de los abrazos de oso y el salvavidas de plomo. Se compromete pero posterga el matrimonio hasta que aclare. Entiende que, después de dos mandatos consecutivos, las alianzas resultan relativas y la gente votará (o no) su figura y los resultados concretos de su gobierno en Junín.

Si le va mal, cargará con la culpa. Si todo sale según piensa, tampoco es cuestión de regalarle un potencial triunfo a los ocasionales compañeros de ruta.

A nivel nacional, cree que Cristina Fernández ganará y, aunque asegura no hacer alarde de sus contactos en las altas esferas del poder, se encarga de dejar en claro que no está “desconectado” y que su relación con el gobierno es fluida.

De cara a la interna municipal, Meoni logró aplacar a la tropa y convencerla de que todo seguirá igual. Si bien no todos le creen (sospecho que sus dudas resultan saludables), hacen como que sí. Es la única que les queda, ellos si quedaron en las manos del hombre que, diga lo que diga, ya se siente del lado de aquellos que cruzaron la barrera y pueden pelear solos.

Norberto Claudio Ricasoli

El fenómeno

El entusiasmo de Ricasoli desconcierta aunque no deja de llamar la atención. Su estado anímico actual es de clara excitación.

Como todos, en su discurso maneja un término medio entre mostrarse seguro (“vamos a ganar”) y la necesidad de ser humilde (por alguna razón los políticos creen que deben serlo), y seguir las reglas de la corrección. Nada más “angelical” que un político en campaña.

Sin embargo, por más que lo matice, parece realmente convencido de que hará un excelente papel en las primarias que se votan dentro de una semana; tanto que de a ratos se le escapa la idea de “fenómeno Ricasoli”. Digo se le escapa porque enseguida recoge el guante y suaviza el concepto; cautela que vuelve a romper para mostrar encuestas que lo favorecen y exhiben su crecimiento reciente, aunque le repita en la cara que cada vez creo menos en las investigaciones de mercado, especialmente en aquellas que se hacen dentro del universo de la política criolla.

Este médico, que me mira con cierta desconfianza debido a que le dediqué no pocos títulos “ostentosos”, me recuerda al personaje de una vieja película mexicana que fue furor en la década del sesenta: “Napoleoncito”. Napoleoncito era un muchacho que, si bien no tenía poder alguno al iniciarse el argumento, terminaba cambiando la realidad gracias a su adoración por el personaje histórico en cuestión, y la arrolladora convicción de que podía “conquistar al mundo” con su personalidad. Pues bien, si el entusiasmo contara en las urnas, no tengo dudas de que este hombre alcanzaría su sueño. Claro que hace falta más que eso.

Por otro lado, forma parte de esa gran caja de Pandora que es el justicialismo juninense, donde la multiplicidad de candidatos hace que agosto pueda generar más de una sorpresa y dejar un tendal de heridos.

En definitiva, antes de instalar propuestas, los peronistas locales deben luchar por ocupar un lugar en la cabeza (y el corazón) de las personas. Habiendo tanto novio justicialista dando vueltas, el casamiento es una verdadera incógnita.

Con un discurso saturado de metáforas que explican la realidad de Junín desde la óptica de su profesión (la medicina) se nota que el disfraz de político no le sienta demasiado bien; “incomodidad” que a los ojos de los votantes podría ser un gran problema o una enorme solución. Se verá.

¿Su muletilla? La gestión al frente del hospital y el apoyo del oficialismo que Franetovich, ministro de Asuntos Agrarios de la Provincia, se esfuerza por demostrar cada vez que le ponen un micrófono delante o le hacen una entrevista.

¿Un dato curioso? Hace bastante que no se ven doctores en medicina dentro de la política; de hecho, a Claudio Ricasoli casi se le escapa un pedido de disculpas por no ser abogado.

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