Por sus fuertes contactos con las fuerzas de seguridad, el empresario era quien gestionaba armas y permisos de portación a cambio de plata. Además, vendía autos de alta gama a empresarios con dinero e integraba el directorio tres sociedades comerciales. En 2007 creó Elvesta SA, una sociedad montada para traficar la efedrina
Martín Lanatta, quien este domingo se fugó de un penal de General Alvear junto a su hermano y otro preso por el triple crimen de la efedrina, nunca estuvo solo. Sin apoyo político, no se explicaría cómo consiguió integrar el directorio de tres sociedades comerciales, gestionar desmedidamente y por plata, permisos de tenencia y portación de armas de fuego, sin contar sus clases rápidas de tiro como instructor. Tampoco se sabe cómo se escapó esta madrugada de la Unidad Penal 30 de esa localidad bonaerense. Menos que menos, de donde sacó las supuestas armas de juguete con las que amenazó de muerte, redujo y tomó rehenes para escapar de la cárcel, adonde debería estar cumpliendo perpetua.
Martín Lanatta y Sebastián Forza –una de las tres víctimas del triple crimen de la efedrina- se conocieron gracias a Martín Guillermo Schutz, uno de los supuestos gerenciadores de la Feria Larroque y quien les vendía a empresarios autos de alta gama por medio de la concesionaria Lonco Hue SA. Se conocieron para que Forza pudiera conseguir el permiso de portación de armas en el RENAR. De esa manera, Lanatta pasó a ser rápidamente el gesto imprescindible para que muchos pudieran obtener sus permisos de tenencia o portación de armas.
En su libro "La Ejecución" (sobre el triple crimen de General Rodríguez), los periodistas Emilia Delfino y Rodrigo Alegre muestran a Lanatta como alguien inquieto, un oscuro gestor con vínculos políticos que le permitieron durante años moverse a su antojo. De acuerdo a esa investigación, Lanatta conseguía las armas que le pedían los empresarios a cambio de mucho dinero en la armería Pizzu de Florencio Varela. La tenencia o portación dependía de la cantidad de billetes que había en el bolsillo del interesado.
El 7 de agosto -cuando Sebastián Forza, Damián Ferrón y Leopoldo Bina aparecieron muertos a balazos- la Justicia registró un alto flujo de comunicaciones entre Martín Lanatta e Iván Esteban Perez Corradi, un empresario desde México hacía puente con buenos Aires. Seis meses antes se conocieron en una oficina de Forza y rápidamente se asociaron en una droguería para la supuesta comercialización de medicamentos oncológicos y de HIV. La sociedad se llamó Elvesta SA, en Pola al 2400, aunque nunca estuvo en funcionamiento. Si se sable –y bien relata el libro- que nunca operó para esos fines sino que era una sociedad montada para el tráfico de efedrina a México.
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