Una mujer corría por la vereda de calle 42 con varios bolsos en sus manos, el transporte con destino a Buenos Aires partía en minutos. De repente, un enorme micro de dos pisos apareció frente a sus ojos. Se detuvo, observó hacia su alrededor y respiró profundo: estaba atrapada entre una maraña de ómnibus que salían de la Terminal de La Plata.
La segunda queja es la ubicación. “Hace más de cuatro años vienen diciendo que van a construir una nueva Terminal más alejada del centro, pero nunca nada”, disparó un chofer de una empresa de viajes de larga distancia en diálogo con NOVA.
“Para nosotros también es una complicación el tránsito, la copa de los árboles, las calles angostas, no es fácil manejar estos vehículos dentro de las grandes ciudades”, agregó el conductor profesional. “Las terminales habitualmente se ubican en las entradas y salidas de los centros urbanos”, concluyó.
Al estar inmersa en el caos céntrico, también representa una dificultad para los usuarios. “Quedó en el corazón de la ciudad, si programás un viaje en micro tenés que salir con mucha anticipación, por la congestión de tráfico y porque es muy difícil encontrar un lugar para estacionar”, sostuvo el vecino Alejandro Alonso.
A diferencia de la mayoría de las terminales, la de la capital de la Provincia no cuenta con estacionamiento propio.
Con solo 23 plataformas, el espacio es muy reducido para la cantidad de ómnibus que arriban, circulan y parten desde el lugar. Por eso los choferes tienen que estar muy atentos una vez que ingresan allí.
Otra queja habitual es la falta de información de los viajes: “No hay cartelera ni pantallas, tenés que preguntarle a los choferes o en ventanilla, que por cierto son muy pocas y suelen haber eternas colas”, manifestó finalmente Juliana Sánchez, una universitaria platense que estudia en Capital Federal.
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