El espíritu solidario de la Navidad llega con historias salidas del corazón. Un peluquero que les corta el pelo a los niños a cambio de un juguete. Mucha alegría y emoción.
Espinoza aprendió el arte de las tijeras en Buenos Aires y desde hace cuatro años su clientela tucumana se fue consolidando. Les cortó el pelo al Pulga Rodríguez, a Galíndez, a Montiglio (de Atlético), y ahora a Rivero (y a varios jugadores que pasaron por San Martín). También a conocidos periodistas de Canal 8 y Canal 10.
Ni un peso
El martes, el peluquero no ganó ni un peso a pesar de que atendió, como todos los días, de 9 a 22, porque trabajó bajo la consigna “Un corte por un juguete, para donar al hospital Avellaneda”.
A mitad de la jornada solidaria lo acompañaban su hijo Juan José (8 años) y Christian, su ayudante (14), de cabezas impecables, como corresponde.
“La idea surgió porque, desde la semana pasada, uno necesita sentirse mejor y sobre todo porque los chicos, durante los saqueos, estaban muertos de miedo. Hay que cambiar el clima porque escuchan ‘ahí vienen’, y corren a meterse debajo de la cama”, se aflige, y en el plural incluye a su esposa.
Muchos clientes
“La gente se prendió. Ya vinieron 16 clientes a la mañana. Y muchos avisan por SMS que ya vendrán. Todos traen juguetes nuevos. Yo no puse consigna sino que cada uno haga lo que le dicte el corazón -señala-. Quiero resaltar la colaboración de mi esposa porque hoy yo no llevaré nada a casa, pero ella me dijo: ‘lo hacemos igual’”.
Entrenado
Esta es la primera vez que corta el pelo a cambio de un juguete, pero Espinoza es solidario desde hace rato. Una vez colaboró con un vecino boliviano enfermo de los riñones a quien no querían recibir en ningún lado. “Hicimos las gestiones y hablamos con medio mundo -hasta en la Embajada de Bolivia- hasta que conseguimos que le dieran el tratamiento de por vida”, recuerda.
También gestó y condujo un equipo de fútbol integrado por chicos en situación de calle. “Nos juntábamos los domingos, en el Complejo Muñoz, con la única consigna de que las cuatro o cinco horas que estuvieran conmigo no dijeran malas palabras, y sintieran que tenían otra cosa -cuenta-. Organizamos un campeonato, pero ahora me falta tiempo. Nos invitaron a diferentes lugares, y venían jugadores profesionales a darles charlas”.
“Hoy no cobro, pero Dios provee siempre -asevera, amparado en su fe cristiana-. Yo hago esto por los chicos, porque ellos son la luz y la esperanza. Han pasado momentos feos y ahora queremos ayudarlos a olvidar, que estén tranquilos, que estén bien; sobre todo los que están en el hospital”.
“Cuando era chico, me llevaban un juguete y yo era el más feliz del mundo. Para Reyes, ya veremos qué organizamos -se ilusiona-. Siempre hay que pensar en dar algo mejor”.
Comentá la nota