Es cordobés y fue boxeador. Llegó a pelear en el Luna Park y desde hace 28 años trabaja en el Deliberante. Es una leyenda en Neuquén y atendió a todos los legisladores. Hoy espera jubilarse para volver a colocarse los guantes de box.
Hombre siempre predispuesto y amable, reconoce a Neuquén como la ciudad que eligió para vivir el resto de sus días. Y no pasa desapercibido entre los neuquinos.
“Yo voy caminando por la calle y todos me saludan. ¿Quién no se tomó un cafecito en el Concejo Deliberante?”, afirmó entre risas.
José nació el 4 de agosto de 1951 en Córdoba, en un pueblo que se llama “Los Surgentes”. “Por suerte hace un tiempo que gracias al Concejo Deliberante le pusimos el nombre a una calle, por eso desde ya estoy agradecido a Neuquén, llevé la ordenanza a mi pueblo y estaban todos contentos”, recordó su logro el mozo.
Dentro de aquella vida de campo José a sus 14 años se topó con un par de guantes de boxeo y con un amigo comenzó a practicar ese deporte.
“A medida que iban pasando los días con este muchacho ya lo habíamos tomado como un entrenamiento. Y viendo que yo podía boxear, me llevó a una pelea en un pueblo. Nosotros en el campo entrenábamos con un sol de noche en el patio, en un galpón, y así embromando, en la primera pelea no digo que le di una paliza, pero…”, rememoró.
Sin su permiso, uno de sus amigos lo anotó en un festival de boxeo en su provincia natal, y aunque José no estaba muy convencido se dejó llevar. “Y a los tres días llegaron los afiches, los boletines como le decían, y me pusieron ‘el indomable’. Fueron a pedirle permiso a mi padre, yo tenía 15 años. Se hizo la pelea, y en la jerga boxística, casi le doy una paliza al contrincante, y así fui haciendo y llegué a las 40 peleas sin perder, y eso que era amateur”, rememoró como mirando hacia el pasado.
Con todas esas peleas bajo el brazo, el mozo del Concejo Deliberante se fue hacia otro pueblo donde había más boxeo y un entrenador. “Y ahí con el tiempo me hice profesional, me fui a Rosario, Río Cuarto, y así seguí. Hasta que también estuve en Mendoza, con Nicolino Locche, Don Paco Bermúdez, había en ese momento muchos boxeadores”, recordó José.
A sus 22 años, el hombre que le sirvió el café a todos los concejales de las últimas dos décadas, se había hecho profesional en el boxeo y peleó por un título provincial. “Y gané el título provincial, ahí fue una gloria. Yo tenía 26 años, era la década del 70”, se acordó.
Al Luna Park
Los buenos años siguieron para ese joven a quien el boxeo lo llevó hasta la capital de Perú, Lima, y al maravilloso estadio Luna Park en Buenos Aires. “Hice unas cuantas peleas contra Facundo Villalba. Era la época en que el boxeo estaba en lo más alto. Yo venía a Neuquén, peleaba en el deportivo Limay. Me volví a Córdoba y llegué a una edad que ya no podía pelear más por las manos”, expresó José, mientras muestra las cicatrices que le dejaron varias operaciones en sus muñecas.
Esos años de boxeo le permitieron juntar ahorros con los que se pudo comprar una quinta en Córdoba y vivir de sus animales. Pero la muerte de su padre lo desestabilizó y pensó en irse.
Y ahí es donde apareció Neuquén en la vida de este hombre. “Yo tenía amigos acá, conocidos con los que había boxeado. Y esa gente cuando llegué los vine a ver al Concejo Deliberante. Estaba Miguel Saul, que fue concejal en ese tiempo, esto es después que vino la democracia, creo que Jorge Sobisch era intendente, Giuliani el presidente del Concejo, Buchinini, Faletti, estaban en ese tiempo”, hizo memoria.
“Acá en Neuquén había mucho trabajo. Y me quedé en el Concejo Deliberante de mozo”, expresó José, quien comentó que hacía dos años que estaba cuando cambió el gobierno municipal. “Y un día cambiaron de política y me dicen por qué no te quedás”, contó.
José se acuerda que siguió Alberto Pesiney a cargo del Concejo Deliberante. “Cuando él llegó preguntó quién es el mozo. Y cuando le dije que yo, me dijo, bueno tráigase un mate entonces. Yo estaba un poco confundido porque es política, no sabía si había quedado en planta o no. Y hablé y me dijeron, ‘vos quedate, yo sé que atendés bien”, comentó Filippi.
El mozo conoció todos los edificios donde funcionó el Concejo Deliberante. “Al principio eran piecitas de madera, se trataba de un lugar donde no se podía estar”, aseguró José, quien no tardó en recordar aquel día que le cayó un pichón de paloma adentro de una olla.
“Luego fuimos frente a CALF, un edificio de 4 pisos, y ahí el Concejo Deliberante tomó otro nivel, y empezaron a estar las bancas. Por ahí, está la mesa donde los 7 concejales debatían las ordenanzas, discutían, a veces se tiraban los papeles; una vez saltó el mate. No es como ahora que hay otro nivel”, analizó José, quien agregó: “Y me fui quedando en el Concejo y llegamos hasta acá, este edificio de la calle Leloir se inauguró hace unos 15 años, estaba Zulma Reina del MPN como presidenta”.
“Cuando nos cambiamos ya era otra cosa. Por ahí viene alguno y te dice te acordás cuando estábamos bajo las chapas, el calor que hacía, y se fue modernizando. Es todo de otra forma, hasta los concejales, se debate de otra manera, la ciudad tiene otras necesidades, era muy chica”, explicó.
Y este hombre que hoy espera sus 65 años para jubilarse y tal vez ponga un gimnasio donde pueda enseñar boxeo, tiene el logro de haber ganado el título provincial con ese deporte y también el de haber atendido a unos 15 presidentes del Concejo Deliberante.
“Y yo siempre digo, los concejales lo que tendrían que hacer es pelear menos y hacer más cosas por la ciudad”, consideró.
Anécdotas para todos los gustos
Neuquén > El conocido mozo entre los políticos neuquinos, José Filippi, aseguró que todos los presidentes del Concejo Deliberante a quienes atendió lo trataron muy respetuosamente y que, en cambio, algunos concejales lo hicieron de manera más despectiva.
“Algunos concejales, cuando ya se ponían el traje, me dejaban de llamar Josecito y me llamaban con un chistido para que les lleve un café. Pero bueno, igual no me puedo quejar, yo siempre los traté con respeto para que ellos hagan lo mismo”, comentó.
El hombre relató que siempre se acuerda de una persona que se quedó con las ganas de ser concejal. “Resulta que había un concejal que tenía problemas en la documentación y venía otro y me decía que entonces era él el que iba a entrar”, rememora José, quien agregó: “Me decía que se iba a comprar unos trajes. ‘Ya me compré tres trajes así que me va a tener que atender’, me decía, pero entonces el otro arregló sus papeles y éste se quedó con los tres trajes sin estrenar”.
“A veces hay personas que por un traje se creen concejales, a eso voy. El concejal yo pienso que es el trabajo, el trabajo diario, atender a la comunidad, buscarle solución a los problemas, que hay muchos en Neuquén”, afirmó.

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