Lo superó por primera vez y ganó tras 16 partidos para demostrar que está vivo y quiere seguir en Primera.
Porque no hay que quitarle mérito. Porque lo ganó San Martín y no que lo perdió Boca. Fue por lejos el mejor desempeño del equipo y allí justifica tan enorme producción. Por eso resultó la primera vez que en Primera anota 6 tantos y por eso ahora Boca se suma a la lista en que estaban River, Independiente, Racing y San Lorenzo que ya habían sufrido y caído ante el Verdinegro. Cartón llenó y a pensar en lo que viene, teniendo como sostén lo de ayer.
Y es ese el otro partido de este San Martín que con la llegada de Forestello cambió en actitud, entrega y planteo, y que en el tercer compromiso con el “Yagui” al frente, sacó a relucir todo su potencial. El mismo que estaba dormido y recobró protagonismo. El que puede significar el cambio anhelado y porque jugando y tocando como lo hizo ayer ante el mix de jugadores que utilizó Bianchi, hay San Martín para rato porque ya se despertó. Es que demostró que no hay que subestimarlo ni hacerse el “canchero” como en la previa lo pensó Bianchi. Es que el Virrey no trajo a sus mejores hombres ya que pensó que de “taquito” se podía sacar de encima a un equipo dolido y que por acumular 16 encuentros sin ganar lo iba a pasar por arriba.
Pero fue todo lo contrario y desde el gol de Osorio a los 2’, ya se notó que el “débil” iba a ser más que el “fuerte”. Los roles se invirtieron y fue San Martín que así lo dispuso. Con mucha solidez en el fondo, con enorme entrega en el medio y saldando la deuda que traía este plantel que era concretar, facturar y hacer lo que en definitiva te da triunfos.
De la mano de un Jorge Luna inspirado y asistidor en 4 de los 5 goles, ya que el restante fue de su autoría. Con el colombiano Humberto Osorio que volvió a ser el de antes para anotar 3 tantos. Porque Lucas Landa metió un cabezazo al ángulo y porque Sebastián Penco se reencontró con su único amor y así volvió a acelerar su motoneta, para redondear una tarde histórica que nadie podrá olvidar.
Fue la goleada del corazón, de mostrar signos vitales, de lujuria y alegría para una fiesta que nunca debería acabar, pero que debe ser el punto de partida para el sueño de seguir en Primera. Porque ahora será diferente, porque el clima y la autoestima es otra. Porque se le ganó a Boca 6-1. Porque histórico, real y de película.

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