"Conmovido y costernado" por los dos grandes informes que se conocieron el año pasado sobre abusos sexuales y humillaciones de todo tipo cometidos durante décadas en las escuelas, oratorios y otras instituciones católicas contra niños y adolescentes, el Papa recibirá hoy y mañana en el Vaticano a los obispos de Irlanda y anunciará una carta dirigida directamente a los atribullados cuatro millones de fieles irlandeses.
El Papa ya prácticamente echó -obligándolos a renunciar- a cuatro obispos, pero en la cobertura que duró tantos años de los abusos cometidos participaron la mayoría de los episcopales, preocupados ante todo de "evitar el escándalo" y el desprestigio de la Iglesia, en lugar de pensar en las víctimas, como recordó el Papa.
Los informes abarcaron los muchos infiernos que vivieron los chicos internados o que eran enviados por sus padres a las escuelas y oratorios católicos. Desde 1930, la lista de víctimas es enorme. El obispo John Macgee, que fue secretario del Papa Juan Pablo I, fue obligado a renunciar hace más de un año por el Vaticano por no haber denunciadoa los pedófilos.
Hace una semana, al recibir a los delegados de la Convención para los Derechos de los Niños de Naciones Unidas, el Papa hizo una amplia autocrítica. Afirmó que en la misma Iglesia se han violado los derechos de los niños por parte de miembros del clero.
En la arquidiócesis de Dublin, que investigó el informe Murphy publicado en noviembre, existen al menos 320 denuncias de abusos sexuales contra menores, la gran mayoría de los cuales fueron ocultados por las autoridades eclesiásticas, con la complicidad de las autoridades irlandesas y la misma policía. Tal vez mañana el Papa hará conocer la carta que prometió dirigida a los católicos irlandeses. También se esperan otras medidas de reorganización de la Iglesia y de renovada "tolerancia cero" hacia los culpables de abusos, con la obligación para los obispos de denunciarlos a las autoridades judiciales civiles.
El semanario Der Spiegel publicó hace poco un informe que revela que un centenar de sacerdotes y laicos de las estructuras de educación de la Iglesia fueron acusados de pedofilia. En el centro del escándalo está el colegio Canisius de Berlín, uno de las más prestigiosas escuelas de Europa.
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