Más pedidos de beatificación en la campaña del Multimedio

Más pedidos de beatificación en la campaña del Multimedio
La iniciativa nació hace varios meses y sigue con fuerza en los distintos sectores.

La campaña para elevar a los altares a la laica santiagueña María Antonia de Paz y Figueroa, continúa mas vigente que nunca en este tiempo de Adviento, dedicado a la reflexión y la familia. Es así como bajo el lema “una beata para los santiagueños” los libros del Multimedio continúan recorriendo los distintos ámbitos de la ciudad con la finalidad de cumplir el objetivo: sumar miles de firmas.

Adhesiones

En esta ocasión se adhirieron profesionales y personal de la dirección de Obras Sanitarias de Santiago del Estero (Diosse) –durante la jornada de ayer– cuando se realizó el juramente de estilo en los distintos cargos.

El pedido de beatificación y canonización de Mama Antula fue encabezada por el titular de la dirección, Ing Manuel Iñiguez, quien expresó su apoyo para que la laica nacida en el 1700 se beatificada y canonizada por el Papa Francisco antes de la finalización del bicentenario. “Como iniciativa me parece buena, lo justo es que cuantos mas santiagueños nos sumemos será mejor y se amplían las posibilidades”, manifestó brevemente luego de firmar el libro con su adhesión.

En ese mismo marco, también lo hizo Pablo Manuel Iñiguez, quien se mostró animado con la iniciativa impulsada desde hace varios meses en toda la provincia. En los distintos acontecimientos, la campaña sigue presente y el aporte se materializa a través de la firmas.

La hija de un maestro de campo

La niñez de María Antonia, nacida en Silípica en 1730, no varió respecto de la de muchas niñas de su edad.

Hija del maestro de campo Francisco Solano de Paz y Figueroa y de Andrea de Figueroa, su niñez transcurrió en la encomienda de indios de su padre, jugando con sus hermanas y con los hijos de los nativos. En la adolescencia, su familia migró a la ciudad y allí comenzó a visitar frecuentemente la iglesia de los jesuitas, con quienes empezó a colaborar en la preparación de los ejercicios espirituales, que se impartían en el antiguo convento. Inmersa en estas funciones, a los 15 años adoptó la túnica negra como vestimenta, en su condición de beata de la compañía. No era precisamente una monja ya que, por entonces, no había en Santiago religiosas de vida activa. Su consagración a Dios se dio a través de un voto íntimo y personal.

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