Derrotó a Quilmes por 88 a 68. La bronca por la derrota del jueves lo hizo enfocarse en defender duro y no pelear. Campazzo manejó el ritmo a su antojo y la faena se terminó casi en el primer tiempo. La serie ahora está uno a uno y el tercer partido será
El base cordobés, en definitiva, terminó el partido con un "triple doble": 11 puntos, 12 asistencias y 10 rebotes. Otra actuación monumental. Y más productiva que la de su versión anotadora.
Con la eliminatoria igualada en un triunfo por bando, los clásicos rivales volverán a enfrentarse el martes en el Polideportivo, de momento a partir de las 21.30. Con localía de Quilmes, aunque el dato deportivamente no sea relevante.
Peñarol llegó a este segundo clásico con la sangre en el ojo. Y salió a jugar en consecuencia. Enfocado en defender duro desde el arranque y no de acuerdo a los avatares del partido.
Después del gran partido de Marín en el primer partido, fue premisa anularlo y Boccia, recuperado en relación al jueves, se lo deglutió. Fischer, además, hizo una buena defensa sobre Baxley y a Quilmes le costó desde el vamos anotar.
Del otro lado, Campazzo jugó sin mirar el aro. Decidido a repartir asistencias en lugar de anotar. Peñarol, así, fue muchísimo más peligroso. Porque, a partir de su defensa, manejó todas las variantes ofensivas. Lastimó interior con Leiva y corrió el contraataque con Boccia y Campazzo como armas principalísimas.
A los cinco minutos el conjunto "milrayitas" ya se imponía 12 a 4 y Sahdi, fastidiado con los árbitros, le dejaba la base quilmeña a Vildoza.
El conjunto de Ramella experimentó una fugaz mejoría con su joven base, quien entró bien con el aro y entregó un par de pases picantes para reavivar una ofensiva raquítica.
Pero la mejoría fue efímera. Y en poco más de dos minutos, los finales del parcial, Peñarol produjo un quiebre. A consecuencia de la transitoria salida de Baxley, Rivero sentó a Fisher, su marcador, y mandó a la cancha a Isaac Sosa.
El puertorriqueño entró afiladísimo. Campazzo lo dejó sólo en tres transiciones y el caribeño aplicó otros tantos triples para llevar la diferencia a 27-14 a la hora del descanso corto.
Esa luz de ventaja le permitió rotar a Fernando Rivero. Cuidar a Campazzo y a Leo Gutiérrez durante un buen rato del segundo cuarto. Con los relevos, esta vez, Peñarol no sufrió.
Si Campazzo había sido clave para sacar la ventaja, Matías Ibarra lo fue para administrarla. Manejó bien los ritmos, aportó puntos y puso a Vildoza muy rápido con tres personales.
Quilmes se encendió un ratito con una ráfaga de Baxley, quien anotó die puntos en un ráfaga fulminante. Pero no le alcanzó para poner a Peñarol en problemas.
Y, cuando volvió Campazzo, para el final del cuarto, Peñarol recuperó la frescura y dinamismo de sus transiciones, y llevó la diferencia a un 48 a 30 prácticamente decisivo.
El arranque del tercer cuarto no fue tan lucido para el equipo de Fernando Rivero. Quilmes se superó defensivamente y lo frenó. Lo obligó a pensar, a atacar cinco contra cinco. En ese juego, definitivamente, no se siente cómodo. Y una ráfaga de siete puntos en fila de Federico Marín puso a los de Ramella a doce puntos (43-55) a poco más de tres minutos.
Sin embargo, enseguida Campazzo se hizo cargo. Tomó un par de buenos lanzamientos y regaló tres pases geniales para terminar con la sequía y estirar la brecha a 64-43 en un par de minutos.
Ese pasaje fue letal para las aspiraciones quilmeñas. Su plan de juego, como el jueves, giraba alrededor de la idea de llegar a un final tanto a tanto. Y entró muy lejos al último cuarto.
La gran gestión defensiva peñarolense no dejó arrimar a los "tricolores" en el cuarto final. Ya no hubo ráfagas de Baxley, ni de Marín.
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