La autora dice que al menos en parte, para comprender los sucesos de la actualidad hay que tener en cuenta de qué manera se educó su generación, es decir, la que está en el gobierno. La escuela pública de los 60, como espacio de enriquecimiento y frustración simultáneamente.
Al parecer, cuando escribió sus primeros párrafos la autora no tenía de manera explícita esa intención pero al finalizar el trabajo quedó claro que se trataba una novela, aunque “algo sui generis”. La tercera –si la cuenta no nos falla- en la trayectoria de la también poeta y cuentista.
Confió la escritora que su nueva obra “empezó siendo una serie de relatos para niños pensados desde ahí, lo cual le dio al libro toda una impronta una diferente: hay un abordamiento a la temáticas desde la mirada de una niña, que ve, oye, reflexiona y aprende... Después, la cosa se complejizó más, empecé a profundizar como escritora en esa niña y se amplió a todo un contexto social pero fundamentalmente escolar, que es donde transcurren gran parte de los hechos. En la escuela y en todo lo que rodea a la escuela... Es una historia de aprendizajes, en realidad. Los distintos aprendizajes del período que va desde el nacimiento hasta terminar la escolaridad primaria, la infancia concretamente”, definió.
Pareciera que como obra literaria, “La patria de Laurita” gozó de bastante autonomía, porque “en realidad, no hubo una intención de profundizarla. La mirada de la niña persiste, es el estilo, la forma de contar con poca intervención del autor. Es mucho más el mostrar que el decir y dejarle ese gran espacio al lector para que saque sus conclusiones. Esa es la forma que en general abordo la escritura: poca bajada de línea y si hay alguna es un proceso que se produce en esa relación entre el escritor y el lector. Los hechos están a la vista y de ahí creo que emergen claramente los conflictos”, apuntó Calvo.
La autora habla de sí misma en una medida considerable, pero no sólo. “Concretamente, la historia transcurre en un pueblo de la provincia de Buenos Aires 50 años atrás. En ese sentido hay evidentemente trazos autobiográficos insoslayables pero podrían pertenecer a la vida de cualquiera de los que transitamos ese período. Transcurre todo en una escuela pública con esos maestros de esa época, cuando el maestro ocupaba un lugar de prestigio. Buenos y malos maestros, aquellos que te estimulaban y respetaban y los que un poco te hundían. Todo eso, más los aprendizajes fuera del territorio escolar pero que conformaban la enseñanza: tocar la guitarra, ir a clase de danzas españolas... Actividades extraescolares donde se jugaba también elegir el mejor compañero, un montón de situaciones que hasta podrían leerse cómo se iba formando uno políticamente”, explicó.
Degradación
Sería una de las claves para la lectura de “La patria de Laurita” porque “el libro muestra no de manera intencional, esos gérmenes de lo que hoy somos como sociedad. No hay que perder de vista que es la gente de mi generación la que está gobernando este país. Yo creo que somos en gran medida producto de la educación, ya sea en el seno de la familia o de las otras instituciones. Y hoy, las otras instituciones lamentablemente están muy degradadas. No sé en qué momento empezó esa degradación, no lo tengo claro, pero sí sé que la hubo y que la escuela pública ha llegado a situaciones lamentables”, señaló.
Entonces, las notas distintivas de “La patria de Laurita” como obra literaria y de la infancia real de la autora “se entrecruzan. La patria de Laurita es el compendio de cosas de las que estábamos hablando... Nace en una familia de clase media, en un pueblo rural y goza de ciertos privilegios por esa razón pero también sufre, especialmente en el enfrentamiento cuando ingresa a la escuela. Lo que es la descalificación, la humillación, el acoso... Uno de los temas bastante centrales en el libro es el acoso, lo que hoy llaman bullying. Puede venir tanto de un docente como de parte de otros alumnos, de los otros chicos. Hay uno de los episodios que se llama Una niña afortunada. No sé si es tan afortunada porque se produce un choque en esta escuela donde ella va, donde conviven todas las clases sociales... Eso como todo, tiene su lado luminoso y su lado oscuro. Entonces, se producen una serie de situaciones que no siempre dejan a Laurita indemne. Por el contrario, la marcan hasta hoy. Creo que por eso el recuerdo sedimenta y aparece en el libro”. Laura Calvo dará a conocer su obra el sábado que viene a las 19, en Salón Araucanía.
Tres miradas
En términos de género, Laura Calvo hiló relatos hasta que redondeó una novela. “En realidad, surgen los primeros relatos y de pronto se van encadenando y terminan por conformar una novela, bastante sui generis porque por otro lado, los relatos tienen autonomía como para leerse como cuentos. Pero después de hablar con algunas especialistas, me dijeron: acá hay una novela. Así que tenemos una novela. Otra más”, remarcó.
Para el acto de presentación habrá tres miradas. “La van a hacer Cristina Flores, amiga, poeta y profesora de Filosofía. Nos iniciamos juntas en la escritura en los primeros talleres que se hicieron en La Llave. Hicimos muchas cosas juntas, inclusive en la radio. Ella va a hacer el abordamiento desde lo específicamente literario. Después va a estar Nina Ogorodnikov, que escribió la contratapa del libro y es una especialista en educación. Pertenece al Grupo Educativo Bariloche (GEB), además de haber hecho diseños curriculares para la provincia de Río Negro y tiene una cátedra de Lengua y Literatura en el INSA de General Roca. También va a estar Azucena Zanón, que viene de otro lado: es una sicoanalista muy conocida y prestigiosa de Bariloche. Miembro del Centro Psicoanalítico y una persona con mucha capacidad. O sea, el abordamiento desde estos tres lugares va a enriquecer notablemente la lectura del libro”, supuso Calvo. Habrá que acercarse.
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