Por Ricardo KirschbaumLa derrota militar con Gran Bretaña en la guerra por las islas Malvinas -el 2 de abril se cumplirán 29 años- terminó con la dictadura y concluyó con el poder político interno de las Fuerzas Armadas en varios sentidos . Por un lado, la combinación de haber sido vencidos en la guerra y el deletéreo impacto sobre la sociedad del resultado adverso. Por el otro, la imprevisibilidad de la conducta militar modificó radicalmente el apoyo que siempre había exhibido el gobierno de EE.UU. respecto de las FF.AA. argentinas. Fue un golpe mortal a esa alianza. Las fuerzas políticas y sindicales (sobre todo algunas fracciones que resistieron como pudieron durante la dictadura) recuperaron espacio y poder: la democracia de 1983 fue la salida de un infierno de terrorismo de Estado, arbitrariedad extrema y dilapidación económica . Fue un período en el que la sociedad en su conjunto, sobre todo, atravesó un durísimo examen y en muchas cuestiones centrales salió reprobada . Las muchas excepciones de conductas ejemplares, que existieron pública y privadamente, confirman la regla.
Desde Cámpora a la caída de Isabel, hay un trecho insoslayable de la historia que explica -no justifica- mucho de lo que aquí pasó. Si hubo héroes, hubo villanos. Pero la tragedia no puede ser reducida a esa dicotomía que esconde más de lo que reivindica . Y se postergan debates sobre decisiones políticas criminales, ocultas en el exaltado y miope militarismo de la acción armada. Algunos que hoy repiten consignas oportunistas de la épica pasada no pueden hacerse cargo de su propia historia porque son cobardes : no hicieron lo que hoy dicen que hicieron sino todo lo contrario.
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