¿Qué pasa en el Cementerio?

¿Qué pasa en el Cementerio?
En la esquina de Pisani y Bulgaria está ubicado el Cementerio de Florencio Varela, un lugar respecto del que las quejas y denuncias arrecian, pero del que las respuestas a los interrogatorios periodísticos no surgen.
Los funcionarios de la necrópolis varelense parecen remedar a los moradores en su hermético silencio, y los más de dos meses de pacientes pedidos de entrevistas realizados por Mi Ciudad, sólo fueron interrumpidos por evasivas, dilaciones, y aplazamientos.

Sin esa otra campana, entonces, es necesario dar cuenta de las denuncias que se recibieron en la Redacción de Mi Ciudad, como de aquellas que también se recogieron en las recorridas por el cementerio varelense donde los robos de placas y de flores son una constante, que no encuentra eco en las autoridades.

Atrás quedaron aquellos tiempos en que se usaba el bronce para las placas recordatorias o para los floreros, hoy todo es de un metal bastante indefinible y de color plateado, debido a que los amigos de lo ajeno decidieron que todo lo que fuera metales no ferrosos podía convertirse en dinero en alguno de los comercios del ramo, que curiosamente se ubican en las inmediaciones del cementerio.

Al respecto, las autoridades no quisieron dar respuestas oficiales a este medio.

Otra de las denuncias es la de la inseguridad que se genera en la necrópolis, de la mano de la falta de luminarias, o de las deficiencias en las existentes. Esto lleva a que muchos deudos, especialmente en época estival, se vean obligados a acercarse a visitar las tumbas de sus seres queridos en las horas de más altas temperaturas. Pero no resulta menos inquietante en invierno, cuando la noche sobreviene mucho más temprano.

Al respecto, las autoridades tampoco quisieron dar respuestas oficiales a este medio.

Y si hay robos y hay mala iluminación, era ineludible que también se sumaran reclamos de los deudos por los episodios vandálicos en los que son rotas las puertas de los nichos, o las lápidas de las sepulturas en tierra.

Robos y vandalismo no sólo parecen ir de la mano, sino, además, haberse ido incrementando en forma sostenida a lo largo de 2010.

“En la actualidad la Dirección del Cementerio cuenta con un servicio de mantenimiento de monumentos”, se asegura en la página oficial de la Comuna, en la que además se ofrecen los horarios de atención de la necrópolis. Horarios que van de lunes a viernes de 8 a 14:45, para la atención del público, y en los que, a juzgar por las respuestas recogidas por Mi Ciudad, pese a que se trata del espacio en el que se brinda atención al público, no es posible encontrar al director de la necrópolis, Segundo González.

Los hechos violentos tampoco están ajenos, y tampoco son una novedad. Ya en 2004, el Secretario de Obras Públicas de la Comuna, Tomás Vanrell, salía a dar explicaciones al respecto, asegurando que todo se reducía a un problema de violencia social, que era igual dentro que fuera del cementerio.

El tema de los costos

Recientemente, una colega oficialista, en un medio oficialista, salió a hacer una oficiosa defensa del cementerio, sni hacer alusión a reclamo alguno en contra de la necrópolis que lo estuviera motivando.

Allí se planteaba el tema de los “costos”, como factor de la vocación de los deudos de cremar a su familiar fallecido, por un lado, pero también de los “achiques” de los muertos que reposan en nichos.

Si bien es cierto que los costos que representa sostener en el tiempo el espacio de uno o varios familiares que reposan en nichos del cementerio local son altos, eso no parece venir a explicar los “demasiados” movimientos que confirman algunos empleados de la necrópolis que se dan en el lugar.

Como siempre ocurre en estos casos, ni los familiares que prestan sus testimonios, ni los empleados de la Comuna que trabajan a las órdenes del Director del Cementerio se atreven a hacer sus denuncias en voz alta, o a presentarse públicamente, por el temor a las represalias que pudieran sufrir unos en sus puestos laborales, y otros en las tumbas de sus deudos.

Aún así, los empleados reconocen que son muchas las “remociones” de ataúdes del sector más antiguo de la necrópolis, en especial. Aquel que da sobre la avenida Pisani, y que se ubica al oeste de la administración.

Como las autoridades del cementerio varelense no quieren dar su posición sobre el tema, cabe quedarse con la palabra de los empleados, que consideran que “no en todos los casos” se da un traslado o “reducción” de los restos por falta de pago o finalización del contrato.

“Hay casos en los que se nota que hay muertos a los que nadie visita en mucho tiempo, y que son los que después son retirados”, dijeron algunos empleados.

Otra versión que no fue confirmada siquiera por los empleados, pero que si forma parte ya de las llamadas leyendas urbanas en torno de los cementerios, da cuenta de la comercialización de huesos de difuntos que ya no cuentan con familia que los reclame y pasan al osario general. Los clientes serían, claro está, estudiantes de medicina

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