El parque San Martín, escenario del corso y la chaya

El parque San Martín, escenario del corso y la chaya
Unas 35 mil personas disfrutaron del desfile de murgas y comparsas. Las bombitas y espumas, a la orden del día.

Si hay un festejo que hace que todos, sin importar la edad, se comporten como niños, es el Carnaval. Ayer, en el Parque General San Martín grandes y pequeños por igual lanzaron agua y espuma a otros.

Unas 35 mil personas disfrutaron del colorido desfile de cerca de 40 murgas y comparsas, y varias más celebraron en el entorno.

Con espuma en la cara y el pelo y las remeras empapadas por unos jóvenes que les vaciaron una botella de agua encima, Melanie Ozán y Sol Cabaña, lejos de molestarse, explicaron que a eso habían ido.

"Vinimos a divertirnos y el que no quiera que lo mojen, que no venga", resumió Sol. Y su amiga explicó que cualquiera que pasa, chaya y ellas mismas llevaban aerosoles en la mano.

La hora fijada para el inicio del corso era a las 17. Sin embargo, se demoró una hora más y durante ese tiempo familias completas aprovecharon para mojarse con espuma, con botellas de agua y hasta con las tradicionales bombitas.

Pablo Cortez llegó al Parque desde Fray Luis Beltrán con su novia, Gisela López, y la familia de ella, oriunda de Rodeo del Medio. Para poder participar de la batalla de agua, habían llevado dos cajas con botellas, más aerosoles y bombitas. Cuando se les vaciaron los recipientes, fueron a rellenar para poder seguir jugando. "La gente no se enoja", explicó con una sonrisa en la cara cubierta de espuma.

Gloria Robles, de La Favorita, había ido con su hija Karen y una amiga, María Sosa, más las pequeñas Luciana y Sheila. Oriunda de San Juan, contó que hace 20 años que vino a Mendoza y dejó de participar de los festejos que se seguían haciendo en la vecina provincia. "Vuelve lo de antes. Es divertido", comentó entusiasmada.

Coloridos vestuarios

Cerca de las 18, una especie de dragón que danzaba conducido por varios jóvenes, abrió el paso de unas 30 agrupaciones de murga y corso, de distintas partes de la provincia. El desfile se realizó en un tramo de la avenida Las Tipas, contiguo al Club Independiente Rivadavia, donde se había instalado un escenario.

Mientras tanto, en la rotonda del Rosedal había un escenario mayor, donde actuaron varios grupos, incluidas murgas uruguayas. Y en la calle que une ambos espacios, se podía ver frecuentes nubes de espuma y cómo, cada tanto, alguien lanzaba agua con una botella en todas direcciones.

Del desfile participaron murgas, sambas estilo carioca y comparsas bolivianas, todos con coloridos vestuarios y danzando a pesar del agobiante calor de la tarde. Tampoco aquí importó la edad: en los grupos había desde bebés que llevaban sus mamás en cochecitos hasta adultos, aunque la mayoría eran niños y jóvenes. El público acompañó con atención su paso, hasta que los locutores anunciaban la lluvia de espuma y las tribunas tomaban vida.

En esta tercera edición del festejo -la 2013 recibió el nombre de Carnaval Federal de la Alegría-, la Secretaría de Cultura dispuso la colocación de gradas y de vallas para separar al público del desfile. Pero pese a que pedían que no mojaran a los artistas, varios ofrecían su espectáculo con espuma en el rostro o el traje, y unos pocos devolvían el juego al público.

Algunos disturbios

Aunque la mayoría de los 35 mil asistentes que estimaron desde la organización eran familias que iban a pasar un buen rato, la aglomeración favoreció algunos disturbios.

Al menos una mujer sufrió el robo de su bolso y un joven terminó tirado en la calle luego de que un grupo lo golpeara. La policía lo acompañó hasta que llegó al ambulancia y los médicos lo atendieron.

También se pudo ver jóvenes que, en lugar de llevar aerosoles de espuma o botellas con agua en sus manos, llevaban palos.

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