Yo debo decir Luciano Arruga y debo decir Julio López, Marita Verón, y Mariano Ferreira, debo decir (y puedo) gatillo fácil y torturas actuales y cárceles húmedas de pobres y cárceles frescas de ricos; debo decir Justicia y corporación, colonización macabra de subjetividades y agendas mediáticas fijadas que marcan ritmos, miserias y chantajes.
Debo decir y quiero decir 24 y Marzo y 1976 y 30 mil y debo juntar a los Ferreyra y las Verón y a los López, y a lo de hoy con lo de ayer, a las inevitables continuidades que se resisten cobardemente desde la mísera trinchera y a las inevitables continuidades que se resisten colectivamente desde lo público, desde la plaza, en la digna visibilidad recuperada que pone a danzar el pañuelo y la memoria. Y se debe decir madres, abuelas e hijos, se debe también decir Néstor y el cuadro, Néstor y los juicios históricos, Néstor y la juventud. ¿Por qué no decirlo? ¿Cómo no decirlo? Sí, eso también hay que decirlo, porque también hay que decir juventud que de a poco se planta, juventud que de a poco se anima, juventud que vuelve despacito, más desconfiada que ciega, más dudosa que certera, pero vuelve. Aunque de nuevo debo decir gatillo fácil y los pibes de los barrios, gatillo fácil y los viejos pobres jóvenes, y ahí es cuando nace el desafio de establecer que es lo viejo que no muere para que lo nuevo no termine, por fin, de nacer. Debemos decir 30 mil y un proyecto truncado, porque había un proyecto, y ese proyecto fue social y económico y políticamente incorrecto para los que guardan la reserva moral de quién sabe que suelo. Hay que decir todo junto porque se me hace que todo tiene que ver con todo, “que algunas cosas del pasado desaparecieron pero otras abren una brecha al futuro y son las que quiero rescatar”, dijo don Mario Benedetti, y otro don, don Eduardo Galeano, dijo que “hemos venido a decirles que valió la pena. Hemos venido a decirles que no se murieron por morir nomás…hay vidas que duran asombrosamente mucho, porque duran en los demás, en los que vienen”. Los que vienen ya vinimos, y somos lo que somos, caminando las huellas anteriores, y nos miramos y nos cuesta muchas veces el entendimiento, y la solidaridad y arriesgarnos a quien sabe qué aventura desconocida hasta no hace mucho tiempo. ¿Y cómo no dudar? ¿Y cómo no flaquear después de tanto 1976, después de tanto 1990, después de tanto 2001?
Pero vuelven, Vuelve el tesoro de la divina juventud con los cabellos blanqueados de quienes vivieron para contarla, y van caminando despacito por ese centro serrano cuasi inmóvil que mira a los caminantes de los 24 de marzo, y ellos y ellas siguen marcando el compás, como se marca todos los jueves en aquella otra plaza, en donde las Madres y Abuelas y familiares han seguido circulando y fortaleciendo la pirámide del no olvido, del no perdón, de una Justicia que destaponó la cera incrustada de impunidad para dar paso, por fin, a la cárcel común, al no privilegio, a la conquista histórica respondida por un Estado que vino a pedir perdón y que tuvo que hacerse cargo de una demanda y de una sed inmutable de de verdad que no tenía más tiempo de espera.
Ni olvido ni perdón.
La era- nuevamente, incansablemente- está pariendo un corazón.

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