Ella es diseñadora y él un “busca vida”, decidieron entregarse a la música y a las artesanías.
Basta escuchar la dulzura con la que Luz (36) se expresa cuando habla sobre su trabajo para caer en la cuenta de cuánto ama lo que hace. Manolo (49), aunque es mucho más tímido y prefiere permanecer callado durante la entrevista, se deja conocer cuando toma los bongos y con su sonido acompaña a la voz y la guitarra de su pareja. "Nos enteramos de esta feria por internet. Veníamos de Buenos Aires, porque queríamos ir a Mendoza. La idea era hacer de Córdoba a Mendoza pero, por cosas de la vida, fuimos hasta San Luis. Llegamos esta mañana a las 6. En la terminal mi esposo recibió un e mail de un artesano que nos avisó de esto. No sabíamos ni dónde quedaba Villa Mercedes. Entonces, averiguando, a las 8, tomamos el cole, llegamos y acá nos recibieron super bien", cuenta ella sobre cómo llegaron a parar a nuestra ciudad.
Los que visiten la feria que copó la llamada Plaza del Mercado no confundirán el puesto de artesanías de esta joven pareja. Su stand es el único que viene con show incluido; el que pase por allí podrá llevarse un enorme anillo o una colorida pulsera amerindia mientras escucha alguna que otra canción que nos sabemos todos.
Pero la historia de este inusual matrimonio nació hace doce años en Colombia. "Manolo y yo somos de Bogotá. Nos conocimos laburando (risas). Yo me desempeñé un buen tiempo como diseñadora gráfica, en el ambiente de la publicidad, y mi compañero, que hace mil cosas porque tiene muchos oficios, hacía ingeniería de sistemas. Así que nos cruzamos en la compañía para la que trabajamos", relata Luz con la simplicidad que la caracteriza.
Las afinidades que compartían eran tantas, que esa unión les dio la fuerza para aventurarse juntos a algo que, tal vez, no hubieran logrado solos. “Nos agotamos un poco de la rutina, de la ciudad y de estar encajados en ciertas condiciones sociales. No nos sentimos muy cómodos con eso y empezamos a dedicarnos más al arte que a los otros oficios. Nos consagramos a la vida artística, y ya hemos visto frutos muy hermosos", narra Luz con gran satisfacción.
Manolo tenía alguna que otra noción del tallado de madera y comenzó trabajando ese material. "Hacía espejos y lámparas. Hoy trabaja más que nada el alambre y yo tejo mucho. Al principio, hacía ilustraciones, pinturas, pero luego incorporé otras técnicas. En Colombia, por ejemplo, aprendimos a tejer con mostacillas y confeccionamos estas pulseras -muestra el brazalete tricolor que decora su muñeca izquierda- típicas de los indios de Ecuador y Perú", detalla con un humilde orgullo por sus creaciones.
Como su estilo de vida les marca, ninguno de los dos vive prisionero del tiempo, por lo que ser artesano se ajusta a la perfección a su personalidad. "Para trabajar no tenemos horarios. Hay un viejo dicho entre los artesanos: con las ganas de escapar del sistema trabajamos, a veces, mucho más que la gente que cumple un horario. Porque tú a esto le dedicas cualquier momento del día que tengas libre. Por ejemplo, esta mañana, esperando que saliera el colectivo, Manolo hacía cadenas y yo estaba ensayando. A la medianoche, si no tienes nada que hacer, está hilvanando cadenas. Como es lo que nos gusta hacer, se nos va el día haciendo esto", ejemplifica.
Pese a que en su natal Bogotá les iba muy bien con su arte y, además, con la organización de conciertos, este aventurero matrimonio pensó que ningún aprendizaje, ni enriquecimiento espiritual estaría completo si no realizaban un viaje por el mundo. Fue así que, con algunos ahorros, decidieron lanzarse a la suerte de las rutas sudamericanas. "Bajamos por Ecuador, Perú, seguimos por Bolivia, Paraguay y ya anduvimos por Uruguay y Brasil. Pero Argentina es el lugar donde más hemos estado. Vinimos en diciembre y recorrimos muchas provincias ya", repasa Luz fascinada por el microclima y la variedad de paisajes argentinos.
"En todos los lugares que vamos aprendemos algo. Sumamos nuevas técnicas. Cuando te lanzas a la ruta y haces un viaje de este estilo es como entrar a una escuela sin darte cuenta. Llegas a una plaza como esta y, primero, encuentras todo el trabajo que hacen los demás; son cosas diferentes que te enriquecen. Muchos artesanos viajeros tienen como el don de enseñar. Así que muchos de ellos te sueltan información y aprendes", cuenta.
Ante la pregunta de si aprendió alguna técnica en particular de sus colegas argentinos Luz, muy pensativa y con los ojos en el cielo, responde: "Aprendimos la técnica de hacer asaditos", y suelta la risa. "Quedamos maravillados con la gente, nos ha recibido muy bien. Acá aprovechamos e hicimos muchas cosas que antes no pensábamos y fueron fluyendo con naturalidad. Yo grabé un disco de covers en Buenos Aires. Nuestra idea inicial era grabar unas tres canciones para promocionarnos y terminamos grabando un disco. Nos ha ido muy bien con eso. También nos fue muy bien en la Feria de Artesanos de Plaza Francia, en La Recoleta", rescata entre tantas anécdotas que le regaló esta travesía.
Pero mientras tanto y hasta hoy al anochecer, cuando llegue a su fin el Vº Encuentro Nacional de Artesanos, Luz y Manolo estarán en suelo sanluiseño, después el destino dirá.
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