El robo de metales de la vía pública es uno de los fenómenos del vandalismo urbano que más creció en los últimos tiempos y que implica un serio riesgo de accidentes para las personas que transitan desprevenidas.
“Desde que sacaron la tapa se ve un agujero profundo que los vecinos tratamos de señalizar para evitar que alguien tenga un accidente”, comentó un vecino de la zona que agregó que hace unos días un vehículo estuvo a punto de volcar al pasar por esa esquina.
Cerca de allí, en 1 y 75 también desapareció una pieza de metal que se encontraba en la vereda.
También se sustrajeron distintos elementos de una instalación eléctrica ubicada en avenida 44 y 6.
“Se llevaron todo lo que pudieron sacar y quedaron unos bordes con los que cualquier persona distraída se puede tropezar y caer”, señaló un taxista que frecuentemente pasa por esa zona.
Cables al descubierto y pozos profundos son los riesgos a los que quedan expuestos fundamentalmente los peatones y quienes se trasladan en motos o bicicletas. Por eso no es extraño que se coloquen palos y tapas de madera para advertir sobre esos peligros.
También se registra en distintas zonas la sustracción de rejillas de hierro de las bocas de tormenta como así también las tapas de las columnas de alumbrado público y todo tipo de elementos que contengan cobre, aluminio, bronce y plomo. Esos metales aumentaron su cotización con la depreciación del peso frente al dólar y son, según distintas fuentes oficiales, comercializados en el mercado clandestino de metales.
Los metales se convirtieron para los malvivientes en un recurso al que fácilmente pueden acceder a través del vandalismo. Según un relevamiento, el kilo de bronce se paga $ 22; por el kilo de aluminio, $ 5 y por el de hierro, 30 centavos.
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