El ex intendente de General Pueyrredon entre 1983 y 1991, Angel Roig, murió ayer en Mar del Plata a los 81 años de edad. Durante su extensa carrera política en la Unión Cívica Radical, fue también concejal y diputado nacional. Tras su fallecimiento deja la impronta de un hombre honesto, sencillo y austero, defensor a ultranza de la democracia y del municipalismo con autonomía.
Fue en 1946 cuando ingresó en las "vanguardias radicales" (después se llamarían Juventud Radical) de la Sección 10º, en Balvanera Sur, la misma de la que surgió Hipólito Yrigoyen. Al poco tiempo lo eligieron presidente de esa agrupación.
"El radicalismo se me presentó como una corriente de contenido humanístico, defensora de la libertad y de la democracia, mientras que enfrente estaba el autoritarismo", confesó a LA CAPITAL hace algunos años.
En 1947 vino a Mar del Plata para radicarse definitivamente. Aquí tuvo dos hijos: Silvia Mercedes (56) y Angel Alberto (53). Y cuatro nietos. Nicolás, Leandro, Juan Manuel y Nuria. Fue primo hermano de Arturo Mor Roig, un radical que alcanzó fama por haber sido diputado y ministro del Interior del gobierno militar de Alejandro Agustín Lanusse, asesinado por Montoneros en 1974.
A poco de instalarse en esta ciudad Angel Roig empezó a trabajar con el padre de quien poco después fue socio. Y un par de años más tarde retomó la actividad política.
En 1958 fue elegido concejal por la UCR y su primera intervención legislativa fue pedir la interpelación del intendente socialista Teodoro Bronzini. Fue en 1965 cuando se convirtió en diputado provincial, cargo que ejerció apenas un año hasta que se produjo el golpe militar de Juan Carlos Onganía.
En la interna del partido adhirió a lo que se denominó la "Línea Nacional" liderada por Ricardo Balbín. La militancia política de Roig no fue diferente a la de toda su generación, es decir, interrumpida por una sucesión de gobiernos militares. Alguna vez contó que "entre golpe y golpe tenía que empezar de cero o retomar alguna actividad comercial. Los que nunca hicimos dinero con la política no teníamos otra alternativa". Entre otras labores particulares fue martillero y corredor público.
Para 1972 la línea interna en la que militaba marcó diferencias con "Renovación y Cambio" conducida por Raúl Alfonsín de quien, sin embargo, fue amigo cercano.
Angel Roig ocupó el despacho principal de la comuna marplatense con el advenimiento de la democracia inmediatamente finalizado el Proceso de Reorganización Nacional.
Un intendente "municipalista"
En las elecciones de 1983 fue elegido intendente con 115.000 votos. Hacía 65 años que el partido de Hipólito Yrigoyen -desde 1918 con el escribano Luciano Aurré- no conducía los destinos de la ciudad. Cuatro años después, en 1987, fue reelegido para un nuevo período. En rigor, ganó "gobernando bien y sin actos demagógicos", dicen sus correligionarios. Hoy recuerdan su paso por el Ejecutivo como el de un municipalista a ultranza defensor de la autonomía.
No le fue fácil gobernar sobre todo en el primer período. El país venía de la etapa más negra de su historia iniciada en 1976 por la dictadura militar.
Sus por entonces colaboradores cercanos rememoran las largas vigilias en el despacho abierto al pueblo durante toda la noche en intentos golpistas producidos ya en tiempos de democracia. Y la angustia por la hiperinflación que pulverizaba los propósitos de su gobierno.
Roig fue un hombre simple, modesto, austero. Vivió toda la vida en la misma casa de la calle Mitre al 2600 como un vecino más.
Su gestión a cargo de la comuna se destacó, entre otras cosas, por la rigurosidad con la que Don Angel (como todo el mundo lo llamaba) manejó los recursos del Estado municipal. El periodista Nino Ramella (quien fuera su secretario privado), contó que Roig, por ejemplo, se resistió a instalar aire acondicionado en su despacho y no quería cambiar el auto oficial "que se caía a pedazos". Luego de ocho años de gobierno, lo reemplazó en el cargo Mario Roberto Russak quien no encontró déficit en las arcas municipales, sino fondos disponibles en el banco y la última cuota de las tasas emitida aún habiendo sobrevivido al descalabro económico de los años '80.
En las elecciones de 1991 fue elegido diputado nacional por la Unión Cívica Radical, cargo legislativo que desempeñó durante cuatro años y desde el que trabajó fuertemente, entre otros, por temas vinculados a la actividad turística.
A partir de 1995 fue delegado ante Comité Nacional de la UCR al tiempo que presidió el comité local del partido.
El 22 de diciembre de 1999 el presidente Fernando de la Rúa lo designó en el cargo de director nacional de Migraciones, tarea que desempeñó hasta mediados de 2001. Y en 2003 retomó la presidencia del comité local del radicalismo.
Roig fue un referente inobjetable dentro de la política local. Recibió varias distinciones y reconocimientos como el Botón de Oro entregado por la Organización Deportiva Panamericana (Odepa) y otro del Comité Olímpico Internacional, por su gestión para que Mar del Plata fuera sede de los Juegos Deportivos Panamericanos en 1995.
En diciembre de 2008 en sesión especial, el Concejo Deliberante de General Pueyrredon lo distinguió como Ciudadano Ilustre.
El último subversivo
(Por Nino Ramella).- Murió Angel Roig y con él -al menos para mí-, el último exponente de una generación que entendía a la política como un camino personal de sacrificios con un solo fin: el bien común. Acaso pueda pensarse que la muerte redime de cualquier falta y que habilita a las ponderaciones y clausura los reproches. Pueden pensar eso quienes no lo conocieron. Yo no. Me pregunto qué hubiera deseado Angel que dijeran sus obituarios.
Tal vez que le tocó instalar en nuestra ciudad los resortes de una democracia paralizada durante tantos años. Que tuvo que sortear tremendas tempestades económicas provocadas por la hiperinflación y que aún así terminó sus dos gestiones dejando una Municipalidad saneada. Que puso énfasis en los barrios más periféricos. Que dejó obras? Seguramente no entendería ni aprobaría lo que aquí tengo para decir. Porque se asombraría de que alguien pudiera hablar de virtudes que se descuentan, que no vienen al caso destacar. Para él sería un absurdo que alguien se detuviera a describir las condiciones morales de un gobernante. Sencillamente reflexionaría que el empeño de perseguir el bien común es consustancial a la naturaleza de la política. Aprendí ese concepto primero cuando era un adolescente y militaba bajo su liderazgo. Luego cuando trabajé a su lado en funciones de gobierno. Me considero un privilegiado por haber pertenecido a su íntimo círculo. Pero sé muy bien que yo no conocí a un Roig distinto al que cualquier ciudadano pudo conocer. Fusilados de sospechas cruzadas en las que nos acostumbramos a vivir, cualquiera puede creer hoy que una cosa es lo que se dice y muy otra cómo se actúa o se siente. Se equivocaría. Participé de incontables reuniones de gobierno. Las hubo gratas y otras no tanto. Muchas implicaban dilemas, desafíos. El poder condena a la soledad. Las decisiones las toma el jefe político, aunque se busque el consenso. Quienes más lo conocíamos acompañábamos cautelosos sus cavilaciones. Nunca las incertidumbres se motivaban en algo que no fuera decidir lo mejor para el conjunto de los marplatenses. Dirán muchos que era un animal político y que difícilmente dejara de especular en ese campo durante su gestión de gobierno. Quienes eso piensan sencillamente extravían la razón de ser de la política.
La política decididamente no es estar pensando a cada instante en cómo llegar al poder o cómo sostenerse en él. Quien no se empeña en transformar la sociedad pensando en el bien común no es un político, es un burdo salteador del poder. Jamás oí de sus labios impulsar alguna acción que le diera visibilidad mediática a las acciones de gobierno, que no sean la de informar a la comunidad sobre lo que se hacía. Se hubiera arrebatado de pudor si alguno de sus colaboradores lo ponderara públicamente, como ocurre a veces con los genuflexos ditirambos que de manera obscena pretenden satisfacer ?inútilmente- la vanidad de algunos dirigentes.
Aprendí a su lado lo que quiere decir un concepto que ya ni siquiera forma parte de la retórica discursiva: austeridad republicana. Quisiera saber qué le dicen hoy a un joven esas dos palabras. Yo sé qué quieren decir. Lo incorporé trabajando al lado de Angel. Era obsesivo con el control de lo que la Municipalidad gastaba. Lo era al punto de que la descripción de ese empeño en cuidar cada peso sería ridiculizado por quienes hoy afirman con petulancia que los resortes de la real politik pasan por otro lado. Fue generoso en muchos otros sentidos. Lo saben bien los hermanos cubanos, que fueron beneficiados por la grandeza de un hombre que resolvió resignar en su favor la sede de los Juegos Panamericanos que Mar del Plata tenía asegurados en 1991 y que finalmente concretó en 1995. Su gesto, pacificador y grandioso, fue reconocido en todo el continente. Angel, te recordaremos sabiendo que no quedamos huérfanos. Así quedamos cuando el que se va no deja nada. En cambio nosotros atesoraremos la herencia que hoy parece revolucionaria y nos empeñaremos en conjurar la desesperanza que encierra el título de estas líneas para que contigo no desaparezca el último subversivo.


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