Más sal para una herida sin sutura

En el tercer encuentro del Consejo provincial del PJ, el objetivo central de la planificación fue limar las resistencias habidas entre los intendentes del conurbano y la conducción gremial de Hugo Moyano para no erosionar votos ni candidatos a 2011.
Sin embargo, cuando la basura parecía protegerse bajo la alfombra, despertó un endémico problema para los Jefes: los reclamos salariales y sindicales en los distritos.

La reunión del Consejo provincial del Justicialismo animó los ánimos, valga la redundancia, debido a la convocatoria y a las posturas de unidad que explicitaron los invitados, sean funcionarios, dirigentes, legisladores e intendentes.

El choque de Hugo Moyano con los Caciques parece no tener vuelta atrás. Por eso se buscó, desde Gobernación principalmente, una vía de acceso rápido que llegue a 2011 sin conflictos, aunque sea tapando las diferencias cada vez más marcadas.

Su presencia, los manejos y su territorialidad en la provincia de Buenos Aires, les pesan a los Jefes. A esto hay que sumarle Covelia, un negocio millonario vinculado al Camionero y esta presidencia del PJ, en la cual no se lo reconoce por la forma en que se dio y por no pertenecer directamente al mundo de la política.

Cuando todo asomaba como conduciéndose por lo menos por lugares correctos, y la celebración por lo auspicioso de la reunión era una realidad inobjetable, se disparó un endémico problema que puede ejercer una amenaza mayor para los Caciques y una colisión mucho más intensa de intereses entre ambas partes: las paritarias municipales.

Este representaba una temática a debatir acaloradamente pero que pocos imaginaban que iba a explotar justo el mismo día que se intentaban gestar caminos conducentes y bajar la tensión entre los Jefes comunales y las cabezas gremiales.

Durante el plenario del partido, celebrado en el salón Francés, el chispazo se prendió aunque Hugo Moyano salió rápidamente a extinguirlo, cuando el diputado moyanista Jorge Mancini sacó a relucir el reclamo de los empleados municipales.

Al instante, el legislador fue cruzado por Luis Acuña, de Hurlingham, y Hugo Curto, de Tres de Febrero, ante la mirada de los demás popes del Conurbano que acompañaron con gesto adusto y de “esto no estaba previsto”.

Salió enseguida el Camionero a corregir a su aliado, y pronto se restableció el orden estipulado. Queda, de todos modos, una mecha encendida, que no apagará la intención cegetista. Las alarmas están prendidas más que nunca. El frente es amplio y complejo: Moyano pisando en Provincia, con el Sindicato de los Municipales sobre su espalda, con los reclamos de paritarias municipales por desatarse, y entrando en un año movido desde lo electoral. El último que apague la luz.

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