"Tengo certeza absoluta de que Carlos Arias fue partícipe necesario del secuestro de Aldo Melitón Bustos -el 2 de febrero de 1978 en Tartagal- con la finalidad de eliminarlo físicamente y de que Luis Ángel Zírpolo fue el autor mediato del crimen", concluyó ayer el fiscal Eduardo Villalba, antes de pedir para ambos la prisión perpetua.
"Cesanteado en sus horas de clase, rechazada su titularidad en el registro notarial, exilado, amenazado, siempre por razones políticas, y finalmente secuestrado y desaparecido. Sufrió una persecución ideológica entre 1976 y 1977 que agentes del Estado nacional realizaban contra los que consideraban oponente políticos. Fue un crimen de lesa humanidad", señaló el funcionario.
Pero Villalba se preguntó porqué Bustos fue considerado un oponente, si hubo testigos que describieron su bondad y solidaridad. Y respondió que parte de la perversidad del plan era la absoluta discrecionalidad para decidir quien era enemigo.
Enseguida, consideró que la dictadura militar de entonces consideraba opositor a toda persona que activa o potencialmente se opusiera a la toma del poder por parte de los militares o a su ejercicio. "Bustos eran simpatizantes del MID y los integrantes del MID estaban sindicadas como opositores potenciales.".
Luego, describió la metodología de las "desapariciones", descrita por la misión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que visitó la Argentina en 1979 y más tarde por la misma Conadep. "En el 62 por ciento de los casos los secuestros se produjeron en las viviendas de los desaparecidos y en horas de la madrugada. Es decir, quienes secuestraron a Bustos lo hicieron con el manual en la mano".
De allí, Villalba focalizó en el secuestro y desaparición de Bustos. "No puede haber sucedido de otra manera. Probada la metodología, probado los autores", dijo refiriéndose a los entonces teniente Arias, oficial del Regimiento de Infantería de Monte y el mayor Zírpolo, que estaba a cargo de la unidad.
En su alegato, el fiscal resaltó la calidad del testimonio de Raúl Federico Bustos, hijo del escribano, quien abrió la puerta a los captores y reconoció, un día después, a Arias como el que lo encañonó y lo puso contra la pared, antes de llevarse a su padre.
Villalba enfatizó que no puede decirse que Raúl Federico acusó a Arias por revancha. "Si hubiera querido tomarse revancha habría sindicado a Arnaldo Bruno, a quien su padre le había señalado alguna vez como responsable de las amenazas que sufría.
O hubiera el nombre de otros dos. Pero sólo dio el nombre de Arias, porque sólo vio a Arias", insistió.
"Está probado que las víctimas nunca olvidan la cara de sus captores. En cambio los captores sí olvidan las de sus víctimas, que siempre son una más en un asqueroso día de trabajo", añadió después.
El alegato de Villalba buscó además responder porqué los familiares de la víctima no dieron el nombre de Arias desde el primer momento, una pregunta que lanzaron desde el primer momento los defensores de los acusados. Y citando a Graciela Fernández Meijide, aseveró que muchas familias ni siquiera hacían las denuncias por temor a que se la sindique como comunista. "¿A quién podía recurrir si eran agentes del Estado los responsables? Por eso estos delitos son imprescriptibles".
Sin embargo, resaltó la denuncia en la policía producida por Eva Ruth Carrillo, la compañera de Bustos, y del propio Raúl Federico. Y el posterior habeas corpus en la que la madre Raúl Federico dijo que su hijo estaba en condición de reconocer a sus secuestradores.
Villalba dedicó después algunos minutos contra Zírpolo. "El hecho se produjo cuando era el jefe del Regimiento y en una organización vertical como el Ejército un operativo de esta envergadura -según reconocieron incluso testigos militares- no podía hacerse sin su consentimiento".
Recalcó el testimonio del entonces teniente general Felipe Domínguez, quien declaró en la instrucción que el propio Zírpolo le dijo que Bustos había sido detenido por personal del Regimiento de Infantería que estaba a su cargo. "Podría haberlo negado pero, a pesar de que iba a terminar imputado, Domínguez lo dijo. Y lo dijo porque era verdad".
Villalba desacreditó las objeciones que la defensa hizo sobre la fotocopia de la "nota objeto" en la que Domínguez informó a la V Brigada de la suerte de Bustos. "Se dijo aquí que no tenía el sello escalera en la que debían figurar todos los que intervinieron en su elaboración. Y no hubo sello escalera porque se sabía de qué se trataba nadie quería quedar involucrado". "Señores jueces, concluyó Villalba, los derechos humanos no son de derecha ni de izquierda. Son hijo del dolor", remarcó. Y la mayoría de la sala lo aplaudió.
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