Para los más audaces, Mina Clavero es “Mina Clavados”

Para los más audaces, Mina Clavero es “Mina Clavados”
En Nido del Aguila, el balneario juvenil de la ciudad de Traslasierra, turistas de todo el país y el mundo disfrutan cada día de sus ollas, para lanzarse clavados ¡a 22 metros de altura!

“Nido del Aguila” es uno de los balnearios juveniles más bullangueros de Traslasierra. En enero, los sonidos de risas, chapoteos y hasta guitarras retumban prácticamente de sol a sol en ese cañadón de piedra, surcado por el río “Mina Clavero”.

No obstante, cada tanto los ruidos se acallan y los bañistas enfocan su atención las piedras más altas de la montaña. Eso ocurre cuando la figura de un clavadista se vislumbra a lo lejos, sobre la piedra más alta del balneario, a punto de arrojarse en caída libre casi 22 metros, para caer en las profundas ollas del rio.

Cuando el silencio del público de pronto se transforma en aplausos y silbidos, el audaz clavadista comprende que su tiempo de preparación acaba. Se acerca al borde de la piedra y pega el salto: pocos segundos el temerario bañista estará dos metros bajo el agua. En la superficie, en tanto, la gente lo aplaudirá generosamente.

“La rutina se repite incesamente toda la tarde”, explica José Romano, uno de los tres guardavidas del tradicional balneario de Traslasierra que desde los ocho años nada esas aguas y se anima a arrojarse con magistral destreza de lo más alto del “paredón” de piedra.

“El secreto es no pensar en nada mientras te largás: sólo disfrutar de esa adrenalina incomparable que te da volar por tres segundos y medio”, explica el muchacho, tras acotar que no sólo habitantes de la zona se arriesgan a lanzarse al vacío en el predio.

“Nosotros hace 13 años que no veníamos hoy nos pasamos toda la tarde haciendo clavados... subimos y bajamos: lo más cansador es trepar las piedras”, aclaran Emiliano y Popeye, dos jóvenes de barrio Jardín mientras planean un salto extravagante.

“Hay turistas de todos lados que vienen a largarse. En diciembre, cuando hay más visitantes extranjeros, también se da el fenómeno”, aclaran Francisco y Luciano, los otros bañeros del lugar, y resaltar que incluso hay algunas mujeres que se animan. Romano recuerda el caso de un italiano que llegó hace algunos meses y aprendió a lanzarse desde las alturas.

Que sea con precaución. Este año, por suerte hay menos lastimados entre los clavadistas. A lo sumo alguna torcedura o gente que se sacaron el hombro. “Y eso que el agua pega duro”, aclaró a Día a Día José Romano, mientras muestra sus puños enrojecidos, luego de arrojarse al agua.

Para Diego Concha, el Director de Defensa Civil de la provincia, es fundamental que los turistas tomen conciencia de lo peligroso que puede ser un río serrano.

En el caso puntual de los clavados, el funcionario recomendó que quienes practican la actividad en las sierras que antes constaten si el sitio es apto, que haya bañeros en la zona y que no tomar antes de hacerlo. “Hay veces que una crecida cambia la fisonomía del río, moviendo piedras o cambiando la profundidad del agua. Eso puede causar accidentes”, dijo.

Prevenir. Antes de saltar, desde Defensa Civil aconsejan a los turistas atender recomendaciones de policías, bomberos y bañeros.

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