Otro gesto de Francisco. El sacerdote nicaragüense Miguel d’Escoto fue castigado en los años 80 por Juan Pablo II.
Francisco revocó la “suspensión a divinis” que sufrió durante 30 años el sacerdote nicaragüense Miguel d’Escoto, de 81 años, que le impedía oficiar misa, confesar y dar otros sacramentos, anunció ayer la radio vaticana.
Hace unos meses, el famoso cura sandinista, que sigue participando del gobierno de Managua como asesor en política exterior del presidente Daniel Ortega con grado ministerial, escribió al Papa argentino para pedirle que le levantara la grave sanción, apenas un escalón menor de la excomunión, “antes de morir” para “poder volver a celebrar la Santa Eucaristía”.
El argentino Jorge Bergoglio respondió afirmativamente a la petición y ordenó a Edward Dougherty, superior general de la congregación norteamericana de Marykoll, a la que perteneció toda su vida d’Escoto, nacido en Los Angeles, California, que “acompañe al padre d’Escoto en su proceso de reincorporación al ministerior sacerdotal”.
El padre d’Escoto apoyó la revolución sandinista activamente y durante una década, desde 1979, fue ministro de Relaciones Exteriores. En 1986 presidió la 63ma. Asamblea General de las Naciones Unidas, informa un documento de la ONU. En los años ‘80, el Papa polaco Juan Pablo II y su poderoso colaborador, el cardenal Joseph Ratzinger, actualmente el Papa emérito Benedicto XVI, declararon la guerra a la Teología de la Liberación, diezmando al clero que la apoyaba. El padre d’Escoto fue castigado por su militancias política y participación en el gobierno sandinista, enfrentado abiertamente con Estados Unidos, que Managua denunció ante la Corte Internacional de La Haya por bloqueos militares. La Corte dio la razón a Nicaragua pero EE.UU. ignoró la sentencia.
Otros dos sacerdotes nicaragüenses también fueron duramente castigados: el jesuita Fernando Cardenal y su hermano Ernesto, también famoso poeta e intelectual. En 1996 Fernando fue reincorporado a la orden jesuita tras el levantamiento de la suspensión. Ernesto, en cambio, que fue sancionado por el entonces cardenal Ratzinger, sigue en el ostracismo.
El padre d’Escoto fue en los años 70 director de Comunicaciones Sociales de Maryknoll en su sede central de Nueva York, donde fundó la editorial Orbis, que se desarrolló con una fuerte publicación de libros sobre espiritualidad, teología y temas de actualidad, muchas veces en la perspeciva del Tercer Mundo. En aquellos años integró también el Grupo de los Doce, que eran profesionales e intelectuales que apoyaban la lucha del Frente Sandinista para derrocar a la dictadura de Anastasio Somosa en Nicaragua. El padre d’Escoto fue ordenado sacerdote de Maryknoll en 1961 y en 1962 obtuvo la licenciatura en Periodismo por la Universidad de Columbia.


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