“El Papa nos recibió a solas y le llevamos de regalo la camiseta de Gimnasia”

Ezequiel y Natalia Martínez sacaron un préstamo y viajaron al reencuentro con un “viejo amigo”

“¿Están locos? ¿Llegaron hasta acá para verme a mí? les dijo, mezcla de alegría y reproche, el Papa Francisco al descubrirlos ahí, en la primera fila de la audiencia general, a Ezequiel y Natalia Martínez. “Vinimos a cumplir un sueño” dijo casi a coro el matrimonio de Villa Progreso, Berisso, que voló hasta el Vaticano a visitar a su amigo “Jorge” y llevarle, de regalo, la camiseta de sus amores, la del “Lobo”. Son ahijados de la máxima autoridad de la Iglesia; lo conocieron en 2003, caminando por plaza de Mayo, cuando desesperados por conseguir leche de soja para el bebé que habían tenido dos meses antes fueron a golpear la puerta de la Casa Rosada en busca de ayuda. Desde entonces y hasta que Bergoglio se instaló en Roma se hicieron inseparables del religioso.

En rigor, la pareja llevó a la sede del Vaticano dos camisetas de Gimnasia. Una se la dejó al Papa, que aunque es un reconocido hincha de San Lorenzo les aseguró que hará un cuadro con ella y la colgará en el Vaticano, y la otra la hicieron bendecir, la trajeron de vuelta y se la regalarán al club tripero.

La pareja de 125 entre 25 y 26 vive con lo justo. El joven consiguió trabajo de chofer de la Gobernación hace unos años y ella, con cinco chicos para atender, es ama de casa. ¿Cómo hicieron, con sólo un sueldo, para ir a Europa y visitar a Francisco? Los pasajes se compraron con un préstamo que obtuvo Ezequiel como empleado de la administración provincial y la estadía se la solventó el embajador argentino en Italia, Juan Pablo Cafiero, que les consiguió una suerte de pensión, para el matrimonio “de lujo”, en una orden de monjas alojada en Roma. Los chicos, entre el 18 y el 27 de junio en que duró el viaje, se quedaron en Villa Progreso bajo la custodia celosa de la abuela.

VALERIA MAZZA Y NITO ARTAZA

El reencuentro con su “padre espiritual” en la audiencia del 19 de junio, soportando al aire libre una temperatura de 42 grados y al lado de famosos como Valeria Mazza y Nito Artaza, colmó a los Martínez de emoción. Se abrazaron, rezaron juntos, la pareja le enseñó las últimas fotos de los chicos y le entregó la camiseta albiazul. “Queremos verte otra vez”, le pidió Ezequiel. “Llamen a la Casa Santa Marta y así arreglamos”, le respondió Francisco.

Al martes siguiente el Sumo Pontífice los recibió en forma privada y ahí los jóvenes aprovecharon para contarle que con una agrupación política realizan un intenso trabajo social en la zona de Berisso donde viven. “Sigan ayudando a la gente -contaron que les aconsejó el Papa-, que es lo mejor que pueden hacer”.

Todo lo que hay en esa pequeña cocina comedor de una casa construida en placas de yeso y ampliada con ladrillos y revoque fue regalado por el Papa argentino: las dos heladeras, el televisor, la mesa, las sillas. También las camas de la pareja y de los chicos se compraron con dinero que a través de una congregación de laicas consagradas enviaba Jorge Bergoglio a la familia Martínez. Y también la casa fue obra del aporte del entonces arzobispo de Buenos Aires. Porque antes de conocerlo, Ezequiel y “Nati” vivían con sus tres hijos (ahora tienen cinco: Malena, Isaías, Luca, Jeremías y Abril) en una precaria estructura de madera. Los ingresos se reducían a lo adquirido en changas y la pobreza en ese hogar era casi extrema.

“Cuando lo conocimos en Plaza de Mayo, que habíamos ido a pedir ayuda a la Presidencia porque mi hijo recién nacido solamente podía alimentarse con leche de soja y no podíamos comprarla, me pidió el teléfono y me dijo que al otro día me iba a llamar. Mucho no le creí, pero realmente me sorprendió, porque se comunicó conmigo y me dijo que vaya a verlo a Buenos Aires. Cuando nos encontramos me prometió que me ayudaría a levantar mi casa, pero eso sí, tenía que completar el secundario, porque sino me retiraba la ayuda. Y así fue que nunca más perdimos el contacto. Por eso, para nosotros fue cumplir un sueño volver a verlo”, confió Ezequiel.

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