Fue el mensaje enviado por el Santo Padre a través del obispo de Añatuya con quien concelebró misa en Santa Marta, El Vaticano.
El mensaje fue dado en el tercer encuentro que mantuvo Uriona con el Santo Padre durante su estadía en el Vaticano entre el 22 de enero y ayer, oportunidad en la cual abordaron distintas realidades de la provincia y en particular de la diócesis.
Desde Roma
A través de una nota enviada a EL LIBERAL, el obispo de Añatuya expresó su alegría por los momentos compartidos con el Papa y afirmó que su paternidad ha cobrado, por la gracia de Dios, “una dimensión más profunda y espiritual”.
“La Divina Providencia me concedió la gracia inmensa de poder estar tres veces con el Santo Padre: El 22 estuve en la audiencia general. El 23 tuve una audiencia privada por la tarde, a las 18, en su estudio de Santa Marta, y luego de charlar 90 minutos rezamos el Rosario; estaba también un sacerdote joven de Buenos Aires, el padre Juan Cruz, que vino a visitarlo. Luego cenamos juntos los tres. Finalmente hoy, 28 de enero, concelebré la misa a las 7 en Santa Marta y compartimos el desayuno. Para mí fue una experiencia espiritual muy fuerte”, relató.
“Para los que tuvimos la gracia de conocerlo desde hace mucho tiempo y experimentar su paternidad hecha de bondad y firmeza, paciencia y ternura, vemos que ahora ha cobrado, por la gracia del Padre Dios, una dimensión más profunda y espiritual”, agregó el obispo.
Monseñor Adolfo Uriona también destacó la calidez y la atención que Francisco dedica a cada una de las personas que lo visitan. “A pesar del peso y la responsabilidad que debe cargar lo encontré con una paz, una serenidad y una alegría tan hondas que me impactaron enormemente. Con tanto trabajo es capaz de dedicar tiempo, y mucho, a las personas individualmente y estar con ellas como si fuera lo único que debe hacer”, dijo.
En este sentido, el obispo de Añatuya aseguró que el carisma del Papa se debe a la acción misteriosa del Espíritu Santo sobre su persona, y también lo adjudicó al fruto de tantas personas que rezan y ofrecen sufrimientos por él.


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