Francisco llega hoy al pujante sur de la península coreana. Y pedirá por la reanudación del diálogo con el Norte.
De joven, Jorge Bergoglio soñaba con ser misionero en Asia. Pero por el antecedente de su afección pulmonar -le terminaron extirpando una pequeña parte del órgano derecho- no logró la autorización de su orden, la Compañía de Jesús.
Ahora, convertido en Papa, iniciará hoy en Corea del Sur una visita que, según dijo el arzobispo de Seúl, cardenal Andrew Yeom Soo-jung, aspira a convertirse en “la puerta de la evangelización” del inmenso continente asiático.
Para ello, cuenta con el antecedente de ser el país donde los seguidores de Jesús crecieron fuerte en las últimas décadas: de 1960 a 2010 los cristianos pasaron de ser el 2 por ciento de la población al 30 por ciento, sumando los católicos el 11 por ciento de los habitantes, o sea, más de 5 millones de almas, sobre una población de 50 millones. Lo que convierte a Corea del Sur en el segundo país de Asia por cantidad de católicos, aunque muy por detrás de Filipinas, de mayoría católica.
Al fin de cuentas, fueron los jesuitas los que en los últimos siglos buscaron con especial esmero y talento hacer pie en el Oriente, entre ellos el célebre Mateo Ricci, que hace cuatro siglos llegó nada menos que hasta Beijing, donde se ganó la admiración y la confianza del emperador, que lo terminó designando consejero.
Los seguidores de San Ignacio de Loyola ya avizoraban que China y la región tenían un enorme potencial, pero que para ello había que adaptar el mensaje a la cultura oriental -respetando el culto a los ancestros-, algo que al Vaticano le resultaba indigerible.
Lo cierto es que hoy en Asia se concentra la mitad de la población mundial y los católicos son apenas el 3 por ciento. Y si bien sigue siendo el continente más impermeable al cristianismo, actualmente se bautizan más católicos que en Europa y los sacerdotes pasaron de 44 mil en 2001 a 60 mil en 2012.
El motivo central del viaje del papa Francisco a Corea del Sur es presidir la Jornada Mundial de la Juventud Asiática.
No se trata de una elección menor: casi la mitad de la población asiática (un total de 4 mil millones) tiene menos de 25 años (son el 60 % de esa franja en el mundo) y se perfilan como los grandes protagonistas del futuro, en base a la educación y su facilidad e interés por las nuevas tecnologías. Pero el desarrollo económico y la competencia feroz -Corea del Sur es un claro ejemplo- los alejan de lo religioso. Y si bien hubo una disminución de jóvenes coreanos católicos, el viaje de Francisco despertó expectativa entre íconos de pop coreano. Por caso, 36 estrellas del “K-pop” -de gran éxito entre las nuevas generaciones coreanas- grabaron en la catedral de Seúl un video con una canción de amistad que se convirtió en el himno oficial de la visita pontificia.
Entre sus múltiples actividades y ceremonias, Francisco proyecta beatificar al primer sacerdote coreano, Paul Yun Ji-chung, y a otros 123 mártires coreanos que fueron asesinados por su fe entre fines del siglo XVIII y el XIX.
El condimento político lo pondrá la misa por la paz y reconciliación que el lunes, antes de regresar a Roma, presidirá en la catedral de Seúl. Esa ceremonia buscará ser un modo de acercar a todo el pueblo coreano, dividido desde hace 60 años entre el capitalista y próspero sureño y el norte, sometido a un férreo régimen feudal dinástico estalinista que ha convertido en una virtual cárcel esa región.
El gobierno de Seúl -impulsado especialmente por la actual presidente Park Geun-hye, acaba de lanzar un nuevo comité para intentar la eventual reunificación nacional- y la Iglesia coreana no ocultan su deseo de que la visita papal contribuya a los esfuerzos para en algún momento lograr que estos dos pueblos se unan en un sólo país.
“Si se reanudara el diálogo sería el mayor de los milagros”, dijo el cardenal Yeom. Pero la Asociación Católica de Corea del Norte (bajo estricto control de la dictadura de Kim Jong Un, nieto del fundador de ese régimen) advirtió que no enviará ninguna delegación con motivo de la visita papal.

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