En la misa diaria que brinda en Santa Marta, Francisco dijo que la corrupción es un peligro para todos y que le hace mal a los cristianos. Y pidió a Dios que “nos libere de resbalar en ese camino”.
La corrupción como un verdadero cáncer social y humano en nuestras sociedades es uno de los temas que más preocupan a Jorge Bergoglio. Los corruptos, dijo ayer en la homilía de la misa diaria en Santa Marta, donde se aloja, son “un peligro también para nosotros”. En las comunidades cristianas, “los corrompidos piensan sólo en el propio grupo”.
Los sermones que Francisco prepara tras levantarse a las 4.30 y que pronuncia en la misa de las siete ante pequeños grupos de fieles, despiertan cada día más interés porque son directos, con un lenguaje sencillo, pero abarcan los temas centrales de la vida católica y el mundo moderno.
Pecadores, corrompidos y santos. Ellos son prototipos de los cristianos. Los corruptos “quieren ser los patrones de la viña” del Señor. Francisco partió en su homilía de los evangelios con la parábola de los viñeros malvados, para detenerse en “los tres modelos de cristianos en la Iglesia”.
“De los pecadores no es necesario hablar demasiado, porque todos lo somos. Nos conocemos de adentro y sabemos lo que es un pecador. Y si alguno no se siente así, vaya a hacerse una visita a su médico espiritual porque algo no va”.
La parábola “nos habla de otra figura, de aquellos que quieren apoderarse de la viña y han perdido la relación con el patrón de la viña. Un patrón que nos ha llamado con amor, nos custodia y después nos da libertad. Estas personas se han sentido fuertes, se han sentido autónomos de Dios”.
Piano piano, “los corruptos han avanzado en la autonomía en la relación con Dios”. “No tenemos necesidad de ese patrón, que no nos disturbe. Y vamos adelante. ¡Estos son los corruptos! Eran pecadores como todos nosotros pero han dado un paso adelante, como si se hubieran consolidado en el pecado. ¡No tienen necesidad de Dios! Como no pueden negar su relación con Dios, hacen un Dios especial: ellos mismos son dios. Son los corruptos”.
Francisco destacó que Judas “comenzó como pecador avaro y terminó en la corrupción. Es un camino peligroso el camino de la autonomía. Los corruptos son grandes desmemoriados, han olvidado el amor con el que el señor hizo la viña: ¡los hizo a ellos!” “Han cortado la relación con este amor, se han convertido en adoradores de sí mismos ¡Qué mal hacen los corruptos en las comunidades cristianas!
¡Que el Señor nos libere de resbalar en este camino de la corrupción”.
A los corrompidos, Francisco contrapuso los santos, “que hacen un gran bien, son la luz de la Iglesia”. Recordó que ayer se cumplían 50 años de la muerte del Papa Juan XXIII, “un modelo de santidad”. Los santos “son los que obedecen al Señor, los que adoran al señor, los que no han perdido la memoria del amor con el que el Señor hizo la viña. Así como los corruptos hacen tan mal a la Iglesia, los santos hacen tanto bien. De los santos, la Palabra de Dios nos habla como de luz. Los que estarán delante al trono de Dios en adoración”. Bergoglio dijo que a Dios “pidamos la gracia de sentirnos pecadores, pero en serio pecadores, no pecadores genéricos sino pecadores por esto, y esto, con los pecados concretos.” El Papa concluyó que había que pedir otra gracia a Dios: la de no convertirnos en corruptos.
¡Pecadores sí, corruptos no!” Y Dios, “nos de la gracia de ir por el camino de la santidad. Que así sea”.
El anatema contra los corruptos tuvo una vasta repercusión en Italia, país asolado por la corrupción difusa que abarca todos los campos de la vida social, pero que se concentra sobre todo en la acción devastadora de la política corrupta. Este cuadro explica la bomba que Francisco hizo estallar el 16 de mayo cuando lanzó un grito de alarma contra “una corrupción tentacular y una evasión fiscal egoísta que han alcanzado niveles mundiales”. El Papa atacó “la ideología del mercado que ha reducido al hombre a una sola de sus exigencias: el consumo”.

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