El Sumo Pontífice aseguró en su homilía en el Vaticano que "el hábito a los sobornos se convierte en adicción" y dijo que la dignidad proviene del trabajo honesto.
En su misa diaria que oficia en la residencia de Santa Marta donde se aloja en el Vaticano, el pontífice dijo: "Tal vez hoy haremos bien en orar por muchos niños y jóvenes que reciben de sus padres el pan sucio: estos también tienen hambre, tienen hambre de dignidad".
Dirigiéndose a los fieles comparó la corrupción con la dependencia a los estupefacientes.
"Comenzamos tal vez con un pequeño sobre, pero esto es como las drogas. Por lo tanto, el hábito a los sobornos se convierte en una adicción".
Al referirse a los "devotos" de la corrupción administrativa, el pontífice recordó la figura evangélica del "hombre rico", que "tenía muchos graneros, muchos silos llenos y no sabía qué hacer" con tanto dinero, y a quien, subrayó, "el Señor dijo: Esta noche morirás".
En la homilía, el Papa expresó su pena por "esa pobre gente que perdió la dignidad en la práctica de sobornos y solo trae consigo, no sólo el dinero que ganaron, sino también la falta de dignidad".
Francisco instó a los presentes a rezar por ellos.

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