Palpitar comunal: La cosmética lunghista

Sin sonrojarse, las autoridades comunales junto al directorio de la Usina presentó a la opinión pública lo que pretende ser algo de la prometida diversificación del objeto social de la empresa de economía mixta.
Sin embargo, a poco de escuchar de qué se trataba y para quién irá destinado, no es otra cosa que una excusa, una parodia montada desde el mismísimo despacho del jefe comunal.

De aquí en más, cuando se hable de cosmética lunghista, no debiera aludirse al “hermoseo” o “revalorización” de los espacios públicos que tanta letra de molde ocupó en las páginas de los diarios y críticas de la oposición y defensa del oficialismo. Cuando se aluda al maquillaje, debiera referirse a esta pantomima llamada Usicom, la cual forzadamente se creó para dar respuesta a la demanda local que clama por recurrir a la herramienta estratégica que resulta la Usina para ir más allá de los foquitos.

Recurrentemente desde éstas páginas se ha aludido a esta figura societaria privilegiada que cuenta Tandil gracias a los pioneros serranos que, a estas alturas, debiera subrayarse a fuego: no le han dejado un ápice de su espíritu audaz y emprendedor a la caterva de dirigentes y empresarios que desfilaron en la historia contemporánea de la sociedad de economía mixta.

Se dijo, la Usina fue fundada por un grupo de vecinos progresistas ante la difícil situación energética que vivía Tandil en esa época. Los vecinos Pablo Fosatti y Vicente Montero donaron un terreno para poner en marcha el primer grupo electrógeno de 625 Kw con 2449 clientes, bajo el lema “Tandil nunca será más grande que su Usina”.

Los actuales dirigentes, lejos están de donar algo ni poner en riesgo el capital a favor de una iniciativa progresista. Se conforman con ostentar el redituable cargo de directores y presentar una empresa saneada y no mucho más. A no ser que vender seguros y tomar un crédito para pavimentar las calles de frentistas ABC1, es lo que Nigro y compañía se imaginaron para la Usina.

EL ANUNCIO

En efecto, iniciando la semana, el intendente Miguel Lunghi y autoridades de la Usina anunciaron que la empresa mixta llevará adelante un nuevo plan de pavimentación de calles de tierra, al que podrán ingresar “todos” los vecinos frentistas interesados, accediendo a partir de la adhesión a amplios plazos de financiación en cuotas fijas para el pago de las obras en sus cuadras.

La iniciativa que estará a cargo de la Usina y con participación de Usicom será puesta en marcha a partir de un crédito de 6 millones de pesos obtenido a través del Banco Nación.

Sin inmutarse se escuchó explicar al jefe comunal en el lanzamiento que “es una nueva herramienta que se presenta a partir de un convenio entre el municipio y la Usina para que esta empresa tome este crédito gestionado ante el Banco Nación”. “Con esto apuntamos a continuar con el desarrollo de la infraestructura de Tandil y para avanzar en el mejoramiento de los barrios, complementando a su vez los programas de inversiones que ya tiene el municipio y con obras muy importante en marcha”, esbozó.

Al filo del desparpajo se añadió: “estamos dando además con esta propuesta un nuevo paso en la política de diversificación de la Usina, una empresa mixta compuesta por capitales del estado y del sector privado, para que pueda ofrecer nuevos servicios a los vecinos y sea una herramienta de desarrollo para la ciudad”.

Ya sobre las características del plan, se detalló que podrán acceder aquellos vecinos que se pongan de acuerdo para pavimentar su cuadra, realizando un contrato con la Usina (。?) y teniendo la posibilidad de pagar el costo de la obra en planes de 12, 24, 36 y hasta 48 cuotas fijas”.

ソCuál es el riesgo de la empresa? Toma un crédito a una tasa discutible y ofrece el plan a vecinos que gozan del capital necesario para no generar sobresalto alguno. ソPor qué tomar un crédito? ソPor qué no prestar el dinero que sí tienen al municipio y que sean las autoridades municipales la que disponga cómo quiere invertir la obra? ソCuál es el objetivo? Muchos interrogantes para un sólo ensayo de respuesta: puro conservadurismo serrano.

Es más, nadie (la oposición resulta la más anodina del último lustro) puso reparos en al menos observar que, en definitiva, la iniciativa se asemeja mucho a las ideas neoliberales de los 90. Aquello del derrame y de desprenderse de toda responsabilidad que hasta ayer se le confería al Estado.

“No van a ganar, pero tampoco perder”, les dijo Lunghi a los directores privados, cual resignación de un gobierno que si algo puede ostentar es el haberse enfrentado a infranqueables poderes y supo salir airoso. Recuperar el paseo de La Movediza, el Hipódromo, destrabar el conflicto del Castillo Morisco (en las primeros pasos de gestión), litigar contra las empresas mineras, el enfrentamiento con la mismísima Provincia y más luego Nación, por asuntos que quemaban -y queman-, seducir a un empresario para que done nada más y nada menos que un hospital de niños, son apenas algunas muestras que cuando se quiso se pudo.

Aquí, hasta aquí, la excusa fue el complejo paquete accionario y el poder de los privados con sus intereses a cuestas. Flaca argumentación que no hace más que a estas alturas pensar que en verdad se trata de incapacidad o desinterés por hacer torcer la frustrante historia. Más frustante aún porque fue éste gobierno y varios de sus componentes, quienes cuando estaban afuera del poder comunal bramaban por la mentada diversificación.

Ya que durante éstas última gestión se tuvo la notable creatividad de cambiar el logo de la empresa, bien podrían trabajarse en el 2011 para cambiar de una vez por todas su nombre, porque la Usina de “popular” y “municipal” no tiene nada.

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