Pagar servicios e impuestos, un laberinto de colas que lleva días

A pesar de existir varias opciones, mucha gente prefiere pasar por ventanilla

Home banking; débito automático y cajeros; con el teléfono a través de la tarjeta de crédito; por sitios de Internet especialmente diseñados y preparados para evitar pasar por ventanilla. Cada vez son más los medios que la gente puede elegir para pagar las facturas de servicios y los impuestos municipales, provinciales y nacionales, pero sin embargo las “colas eternas” se afianzan y aún fuera del periodo del 1º al 10 de cada mes, se ven filas de cuadras y cuadras frente a las sucursales de Rapipago, Bapro Pago (Banco Provincia) y Pago Fácil (en este caso que funcionan dentro de locales comerciales).

Por qué siempre hay colas que generan largas esperas y los contribuyentes y clientes de empresas de servicios van “como locos”, de un lado a otro, para cumplir con sus obligaciones, siendo que una buena cantidad de ellos pueden pagar sin necesidad de perder tiempo, inclusive hasta tomando unos mates en su casa.

Los dueños y encargados de los locales dedicados al cobro de facturas como así también especialistas en economía, destacaron algunas razones para dar respuesta al planteo: “desconocimiento por parte de la gente, fundamentalmente mayor, de los medios de pago existentes; temor de muchos a recibir débitos indebidos o sobrefacturaciones que no puedan reclamarse ni evitarse; desconfianza en pagar vía Internet y que no se registre ese pago (algo que sin embargo no sucede habitualmente, destacan los entendidos); y también la costumbre a pagar por ventanilla, algo que muchos conservan desde toda la vida”.

El experto en economía, Martín Tetaz, agrega otro factor que hace que más gente prefiera abonar con boleta en mano. Y es manejar los vencimiento como modo de financiamiento en la economía familiar.

“Si el débito automático del servicio de gas -por ejemplo- se produce en el primer vencimiento, y la persona tiene un saldo que se le consume inmediatamente con ese pago, entonces no tiene la posibilidad del segundo vencimiento y usar ese dinero para otra cosa prioritaria. Es un modo de financiamiento de la economía familiar, y generalmente sucede con aquellos que si bien poseen la posibilidad de pagar impuestos y servicios sin necesidad de hacer cola, prefieren esto último porque viven al día”, indicó Tetaz.

Y agregó que “el hombre, además, es un animal de costumbre y por más sistemas que se le brinde para evitar las colas, terminan pasando por ventanilla por la sencilla razón de estar acostumbrado a cumplir con sus obligaciones de esa manera, donde se siente más seguro”.

Sostuvo que “sería bueno que los cajeros automáticos, por ejemplo, pregunten a la gente que va a sacar dinero de su cuenta si antes de hacerlo no prefieren paga algún impuesto y servicio que esté cerca del vencimiento; quizás de esa forma aquellos que poseen fondos suficientes terminen pagando en ese instante y así evitar colas después”.

POR VENTANILLA

Miguel Angel Lo Balbo está a cargo de un Rapipago en diagonal 80. Según expresó “desde el día 1º hasta el 10 no paramos de atender gente, es realmente impresionante lo que sucede ante cada vencimiento de algún servicio, como el teléfono, y creo que eso tiene que ver con la confianza de pagar por ventanilla, donde se entrega el correspondiente comprobante. Porque si bien a través de Internet también hay comprobantes para imprimir, supongo que para la gente no es lo mismo. Acá ante cualquier reclamo tienen a quien ver, en cambio vía web se hace más complicado ante el menor problema”.

Carmelo Bueno, de un Bapro del centro, sostuvo: “cuando vencen las patentes o ingresos brutos la cantidad de clientes es el doble, tengo entendido que es más sencillo pagar el impuesto automotor a través de la web que otros impuestos provinciales para los que hay que rendir algunas cuentas, o tener un contador para poder obtener la boleta en papel y pagarla por ventanilla. Sea como sea, la cantidad de gente que viene siempre crece. Al menos yo no observo que nuestros clientes se vuelquen a otros medios de pago, quizás por confianza o una cuestión de costumbre”.

HORAS PERDIDAS

En una columna publicada en este diario hace unos meses titulada “Las colas más feas del verano”, Martín Tetaz señaló: “no se necesita ser economista para sacar la cuenta de que esa mañana -por un día de enero en el Banco Nación- la sociedad perdió 2.400 horas de trabajo humano, de tiempo que podría haberse usado para producir bienes materiales, para compartir una charla con un ser querido o simplemente para retrasar el dictado de un despertador tempranero”.

“Y no pasó sólo ese día, ni en esa sucursal de ese banco particular, sino que ocurre con certeza en cada unos de los 82 bancos del sistema financiero, con sus cerca de 5.700 sucursales, los 230 días hábiles del año”, sostuvo.

Y añadió que “suponiendo 100 clientes por banco que pierdan 1 hora por día, tendríamos 131 millones de horas hombre tiradas a la basura. Un dispendio vergonzoso. Un crimen en un país subdesarrollado como el nuestro, que no puede desperdiciar recursos de esa manera”.

“Bueno sería que el Banco Central los obligara a pagar por el costo del tiempo que le hacen perder a la gente. De ese modo los bancos se verían obligados a incorporar más personal, reduciendo las demoras y devolviéndole el tiempo escaso a la gente”, expresó Tetaz en su columna.

MENSAJE DE TEXTO

El ex ministro de Economía Martín Lousteau hizo referencia hace un tiempo a un novedoso sistema para evitar demoras: “Es un argentino quien, mediante una ingeniosa innovación, amenaza con cambiar radicalmente la tecnología de hacer fila”, indicó, y contó que “Alex Bäcker vive en Estados Unidos y fundó QLESS (que significa “sin colas”), empresa que ya recibió el premio a la mejor compañía del año del American Business Awards y fue considerada una de las diez empresas tecnológicas más promisorias por Vator”.

“La idea es tan simple como genial: en lugar de permanecer en una fila se envía un mensaje de texto a un administrador virtual de colas. Éste consiste en un algoritmo que calcula cuanto tiempo falta para ser atendido y lo comunica al usuario. Así, uno puede estar haciendo otra actividad (como tomar un café, pasear o leer en un banco de plaza) hasta que el momento de ser atendido se acerca. Y entonces, un mensaje de texto avisa que el tuno está próximo. Es el reemplazo de la fila real por una virtual. Cientos de empresas en Estados Unidos están implementando el sistema y cambiando radicalmente la forma de atender a sus clientes”, apuntó Lousteau.

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