Integran el lote de 12.550 chicos que, según el Programa de Salud Escolar y la DGE en 2010 debían ser asistidos por alguna patología. Solamente 2.510 niños recibieron tratamiento.
Ésa es la mayor debilidad del Programa de Salud Escolar (Prosane), que junto con la Dirección General de Escuelas hacen el seguimiento de algunos parámetros de la salud infantil como peso, caries o dificultades visuales en alumnos de primero y sexto grados que cursan en escuelas privadas y públicas de ocho departamentos.
El dato oficial señala que durante 2010 fueron incluidos en el Prosane 15.683 alumnos de 243 escuelas rurales y urbano marginales y que de este total alrededor de 12.500 niños debían consultar al especialista para confirmar el diagnóstico realizado a priori en la escuela.
Pero sólo el 20% del total de chicos derivados (2.510) tuvieron la suerte de que sus padres completaran el círculo preventivo y cumplieran con esa consulta para ver si requerían o no de algún tratamiento médico.
Por este motivo, desde la Dirección de Atención Primaria de la Salud, a cargo de Marta Iglesias, y del mismo programa, que coordina Ana Houdeck, insistieron en que es necesario que los padres tomen la posta para mejorar la calidad de vida de sus hijos.
“Más allá de la revisación médica en las escuelas y facilitar el acceso a diversos turnos, son los papás los responsables de llevar a los niños al especialista”, dijo Houdeck.
Ambas funcionarias reconocieron que los obligaciones laborales de los progenitores, el hecho de que muchos de los niños controlados pertenecen a familias de migrantes y no todos los centros asistenciales del nivel primario dan turnos a corto plazo obstaculizan el acceso a esa segunda consulta médica y posterior seguimiento a largo plazo del chico.
En el relevamiento se detectó que el 36% de los niños padece obesidad o sobrepeso, que el 22,3% ya tiene caries de dientes permanentes, que el 17,5% tiene dificultades visuales y el 16,2% de los casos presenta algún problema traumatológico, como demostración de cómo están creciendo los cuerpos de los más chicos.
Lo más preocupante es que dichos números están en línea ascendente año tras año y las consecuencias pueden ser muy serias de no corregirse esa tendencia.
La salud futura
Los porcentajes descriptos no son sólo una medida, sino el mapa de los futuros problemas de salud que afectarán a gran parte de la población adulta: si hay niños obesos habrá adultos hipertensos, con colesterol alto y seguros problemas cardíacos.
Si los chicos no tienen dientes sanos será más fácil que contraigan infecciones. En cuanto a la capacidad visual, la falta de corrección con anteojos hará que la pérdida pueda ser, en algunos casos, irrecuperable.
En este contexto, la DGE y el Prosane encararon una serie de medidas para comprometer aún más al equipo médico y a los docentes en la evaluación de la salud infantil.
Entre ellas se encuentra el dictado de talleres nutricionales, de charlas dirigidas a los papás y el acceso de todas las escuelas a un maletín con material didáctico sobre varias enfermedades que son absolutamente prevenibles.
Ya está en estudio el aumento de las horas de Educación Física para que los niños tengan más horas dedicadas a practicar gimnasia, para contrarrestar el sedentarismo tan común entre los más chiquitos.
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