La cifra es baja en relación a otros puntos del país; sin embargo, el consumo local de la droga más destructiva se duplicó en 2012.
El paco es una droga de bajo costo que también empezó a golpear en grupos de jóvenes de clase media, y es considerada clave en la conducta criminal de estos sectores vulnerables, víctimas de redes de distribución que buscan clientes cada vez más jóvenes para sumar al ejército de adictos. Además, es una sustancia que incrementa la violencia de quienes la consumen antes de delinquir.
En general, las drogas no discriminan entre ricos o pobres, y entre sus adictos se encuentran tanto incultos como profesionales. “La adicción es una circunstancia que en ocasiones uno paga de por vida”, dicen los expertos de la salud mental. La droga mata a muchos de a poco, pero termina con muchos otros en forma repentina. A éstas se les llama muerte por sobredosis.
En cuanto al paco, en la provincia se lamentan entre 50 y 70 casos anuales de jóvenes de entre 15 y 25 años que se equivocaron una vez, se hicieron adictos y lo pagaron con su propia vida, dejando familias destrozadas. Como consecuencia de esta realidad, la principal organización no gubernamental Madres contra el Paco y por la Vida funciona en nuestra provincia desde 2010.
Madres del dolor
Son 27 las mamás mendocinas que luchan contra el paco. 20 ya perdieron a sus hijos y las 7 restantes todavía tienen esperanzas en la rehabilitación definitiva de sus chicos. Lo cierto es que más allá de la situación que vivan, todos los jueves se reúnen en una modesta casa del barrio Lihué para planificar tareas de campaña para que el paco no se establezca del todo en la provincia.
“Mi hijo se empezó a drogar en enero de 2010 y falleció en agosto de ese mismo año. Es una droga destructiva que poco a poco va destruyendo a la persona por dentro y por fuera”, comentó Miriam Flores, una de las madres del dolor.
Mata en seis meses
Los consumidores frecuentes de paco, especialmente aquellos con escasos recursos económicos, suelen cometer delitos, prostituirse o vender sus pertenencias (hasta las más básicas) para obtener la droga.
El adicto al paco puede fumar por día, en promedio, de diez a quince cigarrillos y el efecto de cada uno dura de 2 a 5 minutos.
Los productos químicos que contiene son tremendamente dañinos para los órganos humanos, empezando por el hígado, y producen serios problemas mentales como paranoia permanente o delirio. Finalmente, el consumo intenso puede producir muerte cerebral en seis meses.
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