Lamentablemente, todo terminó con incidentes. Primero entre los jugadores, y luego se trenzaron los de La Armonía con la policía.
La presión era toda de la visita y así lo interpretó desde el pitazo final. La escuadra de Fito Cuello presionó, asfixió a su rival y lo puso contra las cuerdas. Pero no logró el golpe de gracia, lo dejó groggy y con el correr los de minutos, el Tifón empezó a meter réplicas. Empardó un trámite desparejo en el inicio y luego terminó consumando un éxito convincente.
Además, se dio el gusto de dar una vuelta olímpica (empañada por varios factores ver aparte--) en su mismísima cancha y regresó a Primera tras apenas una campaña en el Promocional. Ahora, el desafío mayor será poder mantenerse, lo que no ocurrió en 2012.
Con un técnico joven y capaz, como Landeiro, Pacífico fue muy regular a lo largo del año y en las finales lo volvió a certificar. Fue homogéneo, con pocas grietas y con algunos aportes individuales de alto calibre: Stefanof y Angelini en los dos arcos. Pero lo rodeó un buen equipo: combativo, solidario y eficaz.
La Armonía tuvo resto para casi media hora. Con su estandarte herido (Apud jugó en una pierna) no pudo sostener esa intensidad, terminó desdibujado, nervioso y perdido.
En fin, ascendió el que más lo mereció.
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