En San Pablo una fiesta juvenil terminó en saqueos y choques con la policía

En San Pablo una fiesta juvenil terminó en saqueos y choques con la policía
El baile fue convocado por Internet. Polémica por la acción policial.
Convocado por las redes sociales, un baile funk que reunió a 2.000 jóvenes en la zona este de San Pablo terminó el lunes por la madrugada en un violento enfrentamiento entre adolescentes y policías, la destrucción de una estación de servicio y el saqueo de un supermercado y varios negocios. La represión desatada por la Policía Militar paulista hizo estallar la rabia juvenil, lo que derivó en destrozos y robos de bebidas.

El episodio, que se suma al fenómeno bautizado como “rolezinho”, protagonizado por jóvenes y adolescentes que se juntan por centenas para rodar por escaleras y pasillos en los shoppings paulistanos, ha adquirido extrema visibilidad por la inminencia del Mundial de fútbol. El alcalde Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores, indicó que la comuna no prohibirá este tipo de espectáculos en las calles. Dijo que “el funk es una expresión legítima de la cultura urbana joven” y que por eso mismo no corresponde impedirlos.

Sin embargo, la Policía Militar hizo caso omiso de la postura del intendente. El secretario de Seguridad del estado de San Pablo, Fernando Grella, de quien depende el organismo represivo, se disculpó: “No prohibimos el baile funk. La información que tenemos es que la policía intervino debido a los saqueos”. Lo cierto es que los soldados de la PM pretendieron desalojar a los miles de chicos y chicas convocados para ese baile con granadas de gases lacrimógenos y balas de goma. La razón, declararon, fue “una denuncia” de un vecino, molesto por los ruidos. Hubo grupos juveniles que se defendieron con las botellas de bebidas.

Fue durante la dispersión que muchachos más violentos entraron en un hipermercado, destrozaron la fachada y robaron bebidas alcohólicas y energéticas. Otros se dirigieron a una estación de servicio, se llevaron la recaudación y arrojaron combustible en el piso para provocar un incendio.

Los vecinos contaron que este tipo de bailes ocurren hace varios meses y dijeron sentirse como “prisioneros” en sus casas. En estos bailes se hacen competencias entre automóviles sobre cuál tiene el sistema sonoro más potente. Aún cuando Haddad admitió la realización pública de esa clase de eventos populares, prohibió en cambio el sonido fuerte de los autos.

La furia juvenil tiene otros componentes. Hay un desafío creciente frente a la riqueza que ostentan los shoppings de San Pablo y Río de Janeiro. De ese hecho nacieron los “rolezinhos”, que tienen a mal traer a los dueños de los locales. El domingo, en Leblon –el barrio rico de Río– las tiendas decidieron cerrar para evitar problemas. El lunes volvieron a abrir, pero el público se había reducido. “Si es una manifestación pacífica, todo bien. Pero ¿cómo sabemos que no van a realizar saqueos?”, se interrogaban los vendedores de un local.

Pero los shopping no sólo cierran las puertas ante la presunción de violencia. Ese es también un síntoma de la discriminación social y racial que persiste en las grandes capitales del país. Así lo hicieron saber los movimientos negros de San Pablo cuando decidieron protestar hace una semana por el cierre de una de esas mega galerías. Y fue eso lo que llevó a la Policía Militar a reprimir a los jóvenes de la periferia de San Pablo en el baile funk.

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