Por Pablo Salgado
Diego el Cigala es del pueblo, de la gente. Se desvive por salir del escenario y que todo el teatro sea un tablao.
Disfruta y juega como un niño, con sus músicos enormes, cómplices de sus diabluras y sus improvisaciones.
El romance con el público argentino supera ampliamente la década, y crece día a día.
Queremos, le permitimos, celebramos, que toma con delicadeza de orfebre, cada una de nuestras piezas del cancionero popular, del folcore y el tango, y las re cree, las re funde, las haga parir nuevamente magia, color, emoción incontenible.
Ayer, en Mar del Plata, en el Radio City colmado, se renovó este pacto de fidelidad de un pueblo con un artista ya adoptado, ya incorporado a lo nuestro. El Cigala va camino a habitar un podio de estima y admiración donde ya se encuentran por ejemplo, el Nano Serrat y Joaquín Sabina.
Diego el Cigala recorrió toda su trayectoria, su amor por el tango y el folcore de nuestras tierras, más los toques latinos y salseros de su nueva residencia, República Dominicana, y la raíz permanente del flamenco y los clásicos españoles.
Un quinteto de músicos excepcionales, en solitario en las improvisaciones, y en conjunto dialogando siempre con Diego, que igual que el diez, mueve los hilos en el medio del escenario y tira paredes con cada uno de ellos, que se la devuelven redondita y de primera.
Garganta con arena y Canción para un niño en la calle marcaron los momentos más profundos, más intensos e íntimos.
Inolvidable, La Bien Pagá, Naranjo en Flor, El día que me quieras, y tantas otras canciones, recibieron ovaciones permanentes. Todavía nos duelen las palmas de las manos...
Pero el cierre y el bis fueron los puntos altos de la fiesta desbordada.
Abuelas, madres, nietas y sobrinas, todas fascinadas ganaron el frente del teatro para tener a su ídolo lo más cerca posible. Todo el público de pie, toda la fiesta en la sala, todos bailando, todos coreando, para un cierre espectacular con "Lágrimas Negras", el tema multipremiado, la canción de los Grammys, el himno, el suceso mundial de Diego el Cigala que sigue convocando multitudes.
Y allí se fue, casi lo sacaron sus músicos, porque este Diego es también auténtico, feliz arriba del escenario, en su mundo, como el otro con la redonda, y bien prodría haberse quedado una hora más...
Casi dos horas y media de adrenalina pura e interpretaciones magníficas, pulidas, sentidas, inolvidables. Con la sonrisa cómplice del Cigala, que nos dejo, que se fue del escenario flameando su saco, moviendo sus manos de oro como alas, y sellando un pacto de fidelidad y admiración permanente.
Anoche, adoptamos nuevamente a este otro Diego de la gente. El Cigala es nuestro.
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