Otra vez un tiro pone en jaque la tranquilidad de Estudiantes

Otra vez un tiro pone en jaque la tranquilidad de Estudiantes
El vehículo particular del empleado Marcelo Giusti amaneció con un disparo de una pistola calibre 22 corto en la ventanilla. El hecho fue denunciado y se suma al robo de la sede, a las amenazas a un vicepresidente y al tiroteo de la semana pasada
La vida de los empleados, dirigentes y deportistas de Estudiantes de La Plata está en peligro. Así lo acredita la interminable ola de violencia que se desató el miércoles de la semana pasada y que desde entonces viene sumando capítulos todos los días. Aquel repudiable tiroteo en el salón principal del edificio de avenida 53 dio origen al reparto de panfletos por parte de una facción de la barra brava que pretende recuperar el centro de la tribuna.

Luego llegaron las presuntas amenazas al vicepresidente Oscar Cassata, a las que llamativamente le siguió el asalto a un familiar directo del directivo, que luego desvinculó el hecho de las internas de la barra.

Pero en las últimas horas, y por razones que se intentan comprobar, se registraron dos sucesos muy puntuales que volvieron a poner en el tapete el verdadero estado de la interna de la barra brava y las consecuentes secuelas en las instalaciones del club.

Tal como se informó en la edición de ayer, el martes por la tarde se registró un sospechoso robo de la oficina de la dirigente Viviana Luna, de la cual desaparecieron seis camisetas oficiales, indumentaria que en total oscila los 3.500 pesos.

En un primer momento, Luna habría desistido de asentar la denuncia, que luego sí fue realizada por otro dirigente vinculado al área de seguridad. Sin embargo, el atentado en contra de la secretaría de prensa y relaciones públicas (que además del protocolo manejaría parte de las entradas y prendas de regalía) continuó en la madrugada de ayer, cuando balearon la camioneta Ford Eco Sport del empleado Marcelo Giusti, quien desde hace un tiempo trabaja a la par de Luna en la misma oficina del club.

El vehículo apareció con un disparo de una pistola Bersa calibre 22 corto en la ventanilla izquierda, sin que se haya forzado la puerta para intentar robar el rodado.

El hecho fue denunciado ante la fiscalía de Fernando Cartasegna por Martín Ordoqui (ver ima­gen) y se inició una investigación que está vinculada a la ruta de entradas.

Las razones que llevarían al fiscal Cartasegna (titular de la UFI número 4 de La Plata) a relacionar la seguidilla de atentados obedece a las funciones de Luna y Giusti dentro del club con el manejo de las entradas.

Según las teorías prelimi­nares, los ataques llegan luego de la decisión de la actual dirigencia de dejar de ceder boletos de protocolo -a partir del inicio del torneo Final 2013- a diversos grupos, entre los que estarían integrantes de la barra albirroja.

De comprobarse esta teoría, de manera simultánea se estaría acreditando la versión de que durante el 2012 se habría estimulado a ciertos sectores de la hinchada con entradas y camisetas que podrían ser rifadas en cenas o peñas para juntar fondos y solventar viajes.

¿Están exentos de responsabilidad los directivos que ahora niegan entradas y que antes las habrían concedido? ¿Es correcto evitar denunciar un delito que ocurrió dentro de las ins­talaciones del club?

El peso de la ley debería ser aplicado por parte de la Justicia, antes de que haya un muerto dentro de Estudiantes y, como consecuencia directa, la institución termine pagando una eventual demanda millonaria por tener responsabilidad civil en un hecho penal cometido por delincuentes que no se ajustan a derecho.

El que tenga miedo, que se aparte

Como ocurrió con otros clubes a principios del siglo pasado, el nacimiento de Estudiantes se dio a partir de la iniciativa de gente que pensó en algo grandioso y hermoso, con colores distintivos para unirse en una pasión como el fútbol.

Las barras bravas, grupos que alguien inventó y sostiene, sólo buscan un beneficio económico con métodos criminales y ensucian algo que muchas personas aman y desean proteger. Ahora, los hinchas genuinos andan despavoridos por estos delincuentes. Y desde la directiva albirroja no surgen respuestas. ¿Están esperando una tragedia para tomar medidas?

Aquel que tiene miedo de enfrentar a gente que está fuera de la ley debe cambiar de función. Esos son los riesgos que asume cualquier persona que está a cargo de algo que tiene que ver con una parte de la ciudadanía. Son las responsabilidades de los dirigentes. Mucha gente que ama al club se siente con el espíritu de aquellos que hace 107 años entendieron que valía la pena fundar una institución con estos colo­res. Ahora son las autoridades las que deben hacer honor a ese pensamiento y denunciar hechos relacionados a los barras, sin escudarse en excusas.

El que tenga miedo, que se aparte.

Comentá la nota