Los líderes mundiales reunidos en L’Aquila reiteraron su pedido a todos los gobiernos del mundo a que abran sus mercados y no levanten barreras arancelarias. El objetivo es cerrar la Ronda de Doha de la OMC para 2010.
El acuerdo para cerrar la Ronda de Doha para 2010 no supone ningún compromiso concreto en la liberalización del comercio agrícola, sino simplemente una promesa de reabrir las negociaciones, que después de más de siete años de idas y vueltas quedaron suspendidas hace más de un año. A pesar de las presiones de los países emergentes nucleados en el llamado G-20, liderado por Brasil e India e integrado entre otros por Argentina, los países industrializados como Estados Unidos y la Unión Europea se negaron a suspender los subsidios a sus productores agrícolas, fuertemente protegidos. Pero aún no está claro cuánto están dispuestos a ceder las grandes potencias. La propuesta de Washington, lejos de referirse a sus subsidios agrícolas, sugirió la creación de un fondo de 15 mil millones de dólares para compensar los tres próximos años a los países agroexportadores más pobres. España, en tanto, presentó un proyecto para financiar programas sociales en las zonas rurales más carenciadas del mundo.
Dentro del debate sobre el comercio internacional, los gobiernos presentes coincidieron en que lo peor de las crisis ya pasó y se empiezan a ver señales de recuperación. Los líderes mundiales reunidos en L’Aquila, epicentro del terremoto del pasado abril que dejó 299 muertos, reiteraron su pedido a todos los gobiernos del mundo a que no cierren sus fronteras ni levanten barreras arancelarias. El director gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn, no fue tan optimista. En una conferencia de prensa, el economista pronosticó que el desempleo seguirá aumentando durante dos años y medio más. "Pase lo que pase con los tiempos de la recuperación, más largos serán los efectos sobre el mercado del trabajo", advirtió.
La cumbre terminará formalmente hoy, pero es muy improbable que hayan nuevos anuncios. Para los medios europeos los acuerdos alcanzados dejaron un gusto a poco y la mayoría del documento final redundó en expresiones de deseo muy similares a las que había puesto en papel el G-8 en la última cumbre, en pleno derrumbe financiero de Wall Street.
Comentá la nota