Otra vez Neuquén depende de Cristina

Otra vez Neuquén depende de Cristina
El proyecto para hacer Chihuido I está congelado, y el descongelamiento solamente puede ser ordenado, parece ser, por la presidente Cristina Fernández.
El proyecto para extraer potasio y trasladarlo en un nuevo tren a través de Neuquén está suspendido. Y, otra vez, parece ser que Cristina tiene la llave para abrir o cerrar la puerta de esa inversión brasileña.

El tema de la minera Vale no es un detalle. Tampoco puede ser reparado por el gobernador Jorge Sapag, ni por el gobernador de Mendoza, ni por el de Río Negro. Vale ha suspendido hasta el 28 de febrero, y lo único que parece cierto respecto de su inversión de 6.000 millones de dólares para producir fertilizantes a partir de la sal de potasio, es que espera que el gobierno argentino lo distinta con, por ejemplo, una eximición total del pago de IVA, para mitigar el efecto del cambio y la inflación. Se beneficiaría así con unos mil millones de dólares, dicen los entendidos.

Se prevé que la cuestión sea destrabada en la cumbre que tendrán próximamente Cristina Fernández y Dilma Roussef. El tema ya fue anticipado por el canciller Héctor Timmerman y dos funcionarios brasileños clave: el ministro de Industria y Comercio Exterior, Fernando Pimentel, y el asesor de asuntos internacionales de la presidencia, Marco Aurelio García.

Inflación y dólar argentino, son las dos principales incertidumbres para la minera inversora. Es que no desconocen que hay pronósticos de una inflación para el 2013 de 33 por ciento en el país. Y que el dólar está desdoblado en su cotización, sea esto oficial o no, con 5 pesos el oficial y cerca de los 8 pesos el paralelo o “blue”.

Se espera que el asunto sea solucionado. Fundamentalmente porque el interés de Brasil es grande: necesita fertilizantes, y los necesita con producción cercana, por lo que el proyecto del sur mendocino y el norte neuquino es favorable a sus intereses. Sin embargo, si no se quiere pasar por un retraso aun más grande y perjudicial, el gobierno de Cristina Fernández deberá conceder, casi seguro, más de lo que su orgullo está dispuesto a admitir.

Mientras, Sapag, y el resto de los gobernadores, esperan. Y, de vez en cuando, le echan la culpa a la prensa.

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