El comicio será el viernes próximo. La Justicia argentina los acusa como autores intelectuales del atentado a la mutual judía de 1994. Uno de ellos es favorito. El ala conservadora tiene más chances.
El particular sistema de selección de candidatos iraní, donde el cuerpo de clérigos del Consejo de Guardianes determina quiénes pueden competir, eligió sólo ocho postulantes de los 686 que se presentaron. Dada la escasa popularidad de los candidatos independientes, la lista de elegidos allana el camino a los ultraconservadores. Entre ellos, figuran dos altos políticos acusados por la Justicia argentina de ser autores intelectuales del atentado a la AMIA, en 1994, que dejó 85 muertos. Se trata de Mohsen Rezaei, ex comandante del Cuerpo de Guardianes de la Revolución y actual secretario del Consejo del Discernimiento, y Ali Akbar Velayati, asesor del líder supremo y ex canciller.
En esa primera depuración de candidatos que hizo el Consejo de Guardianes –que cuenta con absoluta autoridad dado que Irán se rige bajo un sistema teocrático musulmán–, fueron descalificados dos opositores destacados del líder supremo, el ayatollah Ali Jamenei. Uno es Akbar Hashemi Rafsanjani, ex presidente reformista y liberal en cuestiones sociales, y el otro, Esfandiar Rahim Mashaei, delfín del actual presidente. Ahmadinejad mostró su desagrado, pero no pudo revertir la situación. Los argumentos del Consejo para invalidar a un candidato son algo ambiguo: supuesta falta de idoneidad. De todas maneras, su poder es tan absoluto que no deben explicar los motivos para vetar a alguien.
La mayoría de los analistas dan como favoritos en los comicios a dos personajes clave, que tienen el apoyo de las autoridades religiosas y del poder económico: el hombre del ayatollah, Said Jalili, actual secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional y principal negociador internacional en el controvertido tema del plan nuclear, y Velayati, comprometido en la causa AMIA. De todas maneras, para ganar deben obtener más del 50 % de los votos. De lo contrario habrá segunda vuelta el 21 de junio.
Los demás candidatos tienen menos posibilidades. Por un lado se encuentran los conservadores Mohamad Bagher Qalibaf, alcalde de Teherán, y el parlamentario Gholam Ali Hadad Adel. En el costado independiente y reformista se hallan Hassan Rowhani, Mohamad Qarazi y Mohamad Reza Aref. Este último se destaca por su esposa, una dermatóloga que –a diferencia de todas las demás parejas– aparece en público con ropas de distintos colores y se niega a usar el famoso chador negro.
Las elecciones despiertan un particular interés internacional, no sólo por el peso específico del país en la región –es un aliado estratégico de Siria y uno de los regímenes fundamentalistas más irritantes para Israel–, sino además por las implicancias que el cambio de mando podría tener sobre el enfrentamiento entre Teherán y las potencias occidentales por su programa atómico. Aunque es obvio que de ganar los conservadores se mantendrá la política actual. Jalili y Velayati ya anticiparon que si son gobierno, Irán no renunciará a tener energía nuclear.
Pero ése es sólo uno de los flancos conflictivos que tendrá el próximo presidente. El otro, el interno, tal vez sea el más complicado y su punto flaco. Ahmadinejad deja un país devastado por la crisis económica. L a inflación se encuentra en niveles sin precedentes, superando el 31 %, mientras que la desocupación alcanza casi el 12 %, duplicando esos valores entre los jóvenes. Más del 20 % de la población está en condiciones de pobreza o indigencia, pese a que es una potencia petrolera que detenta la décima parte de las reservas mundiales.
Desde hace tiempo que el desencanto social con la situación económica se siente en las calles. Ahmadinejad culpa de la crisis a las sanciones impuestas por las potencias occidentales a raíz de su programa nuclear. Algo de cierto hay, porque le restringe su principal ingreso, el petróleo, e incide en la devaluación de su moneda. Pero también tuvieron su efecto las malas decisiones internas, la falta de inversión y la política agresiva del régimen. Esta debilidad, según algunos analistas, puede repercutir en los comicios y en el futuro del país persa.

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