Convocada por Proyecto Nacional se llevó adelante una multitudinaria movilización en Lanús en reclamo de justicia por las muertes de los adolescentes Luciano Aboyo y David Olivera, en un confuso episodio donde están involucrados efectivos de la Policía Bonaerense.
La marcha fue convocada por Proyecto Nacional, desde donde expresaron su repudio al accionar de la Policía Bonaerense en los barrios y pidieron justicia para el esclarecimiento de este crimen para que nunca más se produzcan estos hechos de violencia.
Familiares y amigos de los jóvenes acompañaron la movilización y remarcaron que “los jóvenes fueron asustados por la Policía y no estaban involucrados en ningún hecho delictivo como lo divulgaron”. “Eran chicos de bien, Luciano y David eran colaboradores de un comedor comunitario de su barrio”, detallaron.
El hecho
En la madrugada del 17 de noviembre los adolescentes de 15 años transitaban en moto por el barrio de Monte Chingolo cuando comenzaron a ser perseguidos “sin motivo aparente” por una patrulla de la Comisaría Octava de Lanús. Según la versión policial estos huyeron cuando les pidieron la documentación por lo que se produjo una persecución de 20 cuadras que terminó con la moto embestida contra una camioneta, en la esquina de Cangallo y Méndez, Wilde, hecho que provocó la muerte de ambos.
En este marco, desde las organizaciones expresaron: “En caso de aceptarse la versión policial la cuestión tiene dos aristas que atraviesan las políticas públicas de seguridad, (o la ausencia de ellas): la primera explica la razón por la cual los pibes no acatan la orden policial. Y es que los pibes del barrio eran amedrentados, robados, maltratados y personalmente sospecho que reclutados por el servicio de calle de la Comisaría Octava”.
“Es unánime en el barrio la angustia de los vecinos contando el maltrato que reciben especialmente de un policía que apodan ‘caramanchada’ y que es el hijo del policial asesino Balmaceda, autor de la denominada ‘Masacre de Budge’, el 8 de mayo del ‘87”, agregaron.
Y completaron: “Se trata de un caso de expropiación del territorio a los pibes por parte de la Policía de calle, que es además la encargada de ejecutar la liberación de las zonas para el narcotráfico. La segunda cuestión nos interpela como clase política y tiene que ver con las causas de por qué en la práctica la Policía supone que cualquier pibe que anda de noche en moto en un barrio pobre es chorro. Dicha práctica resulta también del discurso de la derecha, los medios e incluso alguna parte de la política cercana”.
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